viernes, 20 de enero de 2012

EL AGUA SE HABÍA SALIDO DEL CAUCE

Sin saber a ciencia cierta por qué, siempre, siempre, cuando ha sucedido algo que ha trastocado mi vida diaria, he estado unos cuantos días antes como amenazado de un daño que se concreta con la situación a vivir posteriormente, y otros cuantos días después para asumir la situación. Quizá el daño primero ha sido para el que lo ha sufrido, como romperse un brazo, pero el daño me ha afectado hasta hacerme insoportable. Quizá todo obedezca a que encontrar mi estabilidad me cuesta mucho trabajo o también a que desencajar un modo de vida a causa de una escasez de cuidado y soportar las consecuencias de la nueva situación es superior a mi fuerza personal. La edad también parece ser una circunstancia negativa, pero, la verdad, es que no deseo daño para nadie. Busco envolver la vida, mi vida, de cierto tono de ternura que no logro y más bien parezco un ogro que una persona tranquila. Aquí lo único tranquilo es la calle.

Cuando el agua rompe el cauce que es la calle, las aguas bajan inquietas, intranquilas, desordenadas. Así me he pasado más de una temporada sencilla pero agitada porque no acababa de hacerme con la situación que se había planteado. La verdad es que, si eso es así, obedece al daño que, sin ser mío, sin pertenecerme, sin buscarlo yo, sin necesidad alguna de sufrirlo, me ha cambiado, me ha generado una nueva situación, me ha metido en otra etapa creativa sin haber aprovechado la anterior y seguramente sin conseguir todo el estado de desequilibrio que precede a un tiempo en el que se va a imponer la creación libre.


Así que la caída libre de mi santa esposa, hasta que el conseguido crear una rutina nueva, mi ha causado un quebranto grande, me ha hecho profundizar en mi conocimiento, me ha golpeado duramente en la cabeza porque no sé funcionar sin que razón guíe mis pasos y no comprendo a brote pronto las cosas que suceden por no precaverlas. Parece que las cosas vuelven a su cauce cuando los miedos ajenos se dominan y el que ha sufrido el golpe, la caída en este caso, ha asumido también su nueva situación. Este parece ser el proceso que hemos vivido en esta casa que ya había sido castigada a partir del terremoto.



He sentido hondamente el fallecimiento de Jacinto Herrero Esteban. Hasta los almendros de Ávila estaban cubiertos de nieve. No sé si en Langa, al atardecer, reina la tristeza. Soledad sí debe de haber. Esa aldea era no su lugar de exilio, si de regreso. En ella nació, a ella se dirigía, aunque dio un rodeo por Ítaca en compañía de Odiseo, a quien curó su herida. Mariano Hernández ha entendido el lamento que he gritado cuando me enteré de la muerte de Jacinto. Un poeta menos es una desgracia más para un pueblo. Porque un poeta es un soñador y los sueños sueños son. Dios esté con él. Se lo merece Era el poeta de Ávila... Hasta el ángel se muestra sorprendido.






Calabardina, 19 de enero de 2012
José Luis Molina

lunes, 16 de enero de 2012

EL CIELO GRIS NO NECESARIAMENTE TRAE LLUVIA

Al día siguiente de quejarme por el estado de las calles, a mi entender, sucias y poco cuidadas, apareció por la calle tranquila, tras anunciarse algún que otro minuto, una ruidosa máquina que se acerca a la acera, suelta agua y dicen que se lleva la basura. Eso sirve para cerrarme la boca porque, cuando hable de esto con el concejal de turno, me dirá que sí se limpian y me enseñará el calendario oportuno en el que vendrán señalados los días en que se hace la dicha limpieza. El payaso que vive en los sueños de mis nietos que vienen a esta casa cuando está su abuela, comenzó a temblar y así quedó hasta que desapareció la horrible máquina.

Languidez no es lo mismo que melancolía. Languidez, en panocho, sería flojera interior. Melancolía es un estado de ánimo producido tanto por la ausencia de lo ido como la no presencia de lo que gustaría contemplar. Si me apuras, y quizá en contra de la opinión común, melancolía no es tanto cierta tristeza gris, como el día de hoy, en la que la ausencia de un ser querido, un pueblo amado, un libro escondido bajo el brazo, se echa en falta, cuanto el saber que ya no se va a ver, a residir en él o leer de nuevo, persona, libro o pueblo. Es lo que ahora mismo siento por mí para cuando sea ausencia. Ahora soy como se puede ver justo encima, en esta pequeña caricatura que tuvo a bien hacerme José Antonio Hernández Guerrero, cuando vino a Lorca en ocasión del Congreso sobre Castillo Navarro.

Una trascendente cuestión filosófica es si Calabardina sería lo mismo o no con gatos como ahora, con gatos como animal de compañía o como gato antiguo, ese gato romano que había en mi casa cuando yo era niño. Son los años que siguieron a la muerte de mi padre, añorados ahora, duros cuando los viví. Pero es que, aún hoy, a los 65 años de la muerte de mi padre, aún lo echo en falta. Un hombre, aunque no haga nada, aparenta tanto que parece comerse el mundo. Pero mi madre era otra cosa: estuve con ella hasta que cumplió sus días, le escribí su epitafio [PASÓ EL ÁNGEL VELADO Y LA LLEVÓ A SU LUGAR] y la recuerdo cada día de mi vida. Ya me quedan menos para verla de nuevo. Calabardina siempre será bella a pesar de los gatos y a pesar del tío el haba, que es como José Mota (el tío la vara) pero en alemán. Los gatos de este bobo de Coria son una birria comparados con los que conocí en mi infancia. Hoy acerco esta música pobre a esta pobre cala: sólo se anda bien por la calle tranquila.


"EL AMOR PERFECTO ES AMOR INCLUSO CUANDO SOMOS INFELICES, PERO LA REPETICIÓN PERTENECE A LO IMPERFECTO QUE ES NUESTRO PARAÍSO". [Esta frase pertenece a Harold Bloom, La ansiedad de la influencia, Madrid, Trotta, 2009, pp. 122]

Calabardina, 16 de enero 2012
José Luis Molina

domingo, 15 de enero de 2012

NO ES NECESARIO LLORAR POR LA MUERTE DE JACINTO HERRERO ESTEBAN

A la derecha de quien esto escribe, Jacinto Herrero Esteban. Tras dos años  ingresado en el hospìtal, cuando supe de su grave enfermedad, fui con Carmen a visitarlo. Todas las razones que tenía para viajar a Ávila ya las había cumplido. Sólo me interesaba de ella Jacinto, como poeta, ni siquiera como cura. Más que cura, yo creo que había sido docente. Jamás volveré a Ávila. Porque ya soy mayor y porque se ha ocultado la voz sagrada, solemne del poeta de más altos vuelos de estos últimos tiempos, al menos en mi opinión. Bien es verdad que era casi desconocido para todos, pero eso es una circunstancia positiva: no todos disfrutan de su poesía sino los pocos que la descubren. El que se nutre de la buena poesía no compra en los grandes almacenes, ni siquiera en ediciones de grandes marcas, porque esas colecciones burguesas de ahora con las que fueron para minorías en su origen y son las que entonces leí.. Lamento la pérdida de Jacinto Herrero Esteban por lo que ha dejado de decir. Me quedan sus libros y en ellos seguiré bebiendo.





Calabardina, 15 enero 2012
José Luis Molina

sábado, 14 de enero de 2012

Jacinto Herrero Esteban: SIEMPRE LO QUE DIOS QUIERA


El día de ayer sólo debía traerme como preocupación la oportunidad de entorpecer la labor imbécil de cuidar gatos que van muriendo por las esquinas. Frente al bar de Pepe había una gata sin valor alguno lamiéndose las heridas de su último parto, yo diría que comiéndose su placenta. A todo este pasa el tío el haba y digo en alta voz: -¿Es este el hombre de los gatos? Todos contestaron a una: -Sí, sí. Como yo pretendía, lo escuchó, volvió la cara y dije algo entre palabras que no tenía, como él, ningún sentido. Pero lo voy a denunciar por ignorante. Debe recoger esos animales, que los vigile un veterinario y que los engorde y eché pienso compuesto y agua. Pero lo que está haciendo es aplicar la pura ignorancia a la puta vida diaria. Los gatos están igual de chuchurríos que este pobre pobre perro cuyo dueño se llama Andrés. Pero resulta que no tengo gatos. A partir del lunes, me voy a echar la cámara como mochila y voy a retratar cualquier cosa para desarrollar mi vena artística o mi mala leche, amén


 De ahí me retiré a la casa de mi santa, cuya bondad me permite vivir en el discreto silencio de la Cala y en la bondad de su evangelio diario bifaz, uno para ella, otro, al menos, para mí. Tenía que  dejar la casa limpia para cuando llegaran de Murcia, lugar en el que se recoge para que su sufrimiento sea más beneficioso para el pobre ser humano, porque allí nadie le otorga privilegio alguno y ella así puede rezar por todos desde esa soledad que provocan las camas vacías. La viajera de Hooper pues ahí está, con el fardo de su vida como un paquete más que llevar de acá para allá... Eso no sucede en la calle tranquila de la cala de la cola porque todo está a su servicio desde que entra por la puerta y lo llena todo con su amoroso cuidado. Entonces fue cuando me enteré del fallecimiento de Jacinto Herrero Esteban. Todavía hoy no me he repuesto de mi estado de asombro. Lo menos que puedo hacer en su homenaje es releer su obra y las cartas que conservo. Adiós, adiós, querido amigo.

Haber olvidado rezar es una de las cosas que no me perdono, por más que el deterioro de la vida sea, posiblemente, el causante de ello. Cuando me vine a la Cala, enfermo de mí mismo, la recuperación de ese don era un objetivo a cumplir. No, no es la vida, es el enojo que me produce la tontuna, la desidia, la envidia y la mentira, junto con la soberbia más disimulada. Pero, ¿cómo voy a rezar si son las personas las que originan esta situación? Bien es verdad que me gustaría olvidar todo, pero, para ello, he de vivir solo. Dice Jesucristo que si estás en el altar y te acuerdas que tienes problemas con tus hermano, dejes la ofrenda  encima al altar, vayas, arregles la situación y regreses al templo para  hacer la ofrenda. Eso lo aprendieron los que ofenden y siguen ofendiendo porque siempre hay alguien que presente las disculpas. Pero yo no sé obrar así.


Uno de los secretos mejor guardados de los hombres es su capacidad de aguante, pero me temo que eso irá en su idiosincracia. O sea, que depende de sus características personales transmitidas a través de sus genes. Mi trato con la gente debe ser algo adusto porque he sido más fiel a las amistades que he hecho que esas mismas amistades han sido para mí. He viajado tres veces a Ávila para ver a Jacinto Herrero Esteban. Pero yo sabía dónde iba porque ya conocía  LA TRAMPA DEL CAZADOR. Ya sabía que su lenguaje era exquisito y que su temática me era más o menos afín. Bien es verdad que yo nunca podría ser ya Jacinto porque yo era José Luis. Cuando lo vi por vez primera, estaba jugando con las máquinas aquellas de los millones y tantas luces. Él no sabría nunca que ya había tenido una bronca con mi hijo porque, en vez de estudiar, jugaba a los millones, los únicos que ha ganado en su vida. Conprendí su inmensa soledad y su modo humano de resolver las cosas: yo nunca he sabido resolver las mías. También es verdad que el era un poeta y yo sólo he llegado a ser habitante de un balcón de la calle tranquila en la Cola de la Cala.


Calabardina, 15 de enero de 3012.
José Luis Molina




viernes, 13 de enero de 2012

JACINTO HERRERO ESTEBAN (1931-2011), POETA ET AMICUS, REQUIESCAT IN PACE


Desde mediados de diciembre del pasado año he estado intentando llamar a Jacinto Herrero Esteban -¿porqué no encontré tu número de teléfono?- mientras esperaba la felicitación que nunca llegó. El día 19 de diciembre abandonaste este mundo sin yo saberlo. La vez anterior en que estuviste tan grave, al menos dos años de hospital, cuando pude localizarte, me acerqué a Ávila y permanecí en la ciudad tres días para tener la oportunidad de hablar contigo, impregnarme de ti, poeta, que ya conocía tu bonhonomía. De ahí surgió mi participación en el homenaje que organizó Carlos Aganzo, director que era de Diario de Ávila, y la confección de su posterior antología, GRITO DE ALVARAVÁN. Hoy he encontrado la libreta en la que guardaba su número. He llamado unas cuantas veces. Hasta que he pensado en lo peor. Google me ha sacado de dudas. No he tenido tiempo ni de reaccionar. La noche de Calabardina cae mansa, con la lentitud de los bueyes. Langa no tiene mar, pero el memorial de la muerte se aparta por el lugar en el que los pinos y abetos señalan el camino hacia el descanso eterno, hasta que venga el día en el que sepa que Langa es Calabardina y que el tren se acerca a la Ávila de siempre, para saludar al poeta que últimamente ha andado más enfermo de lo que uno quisiera.


Calabardina, 13 de enero 2012
José Luis Molina

jueves, 12 de enero de 2012

EL TONTO EL HABA



En Calabardina sobran los gatos y hace falta limpieza. Para evitar la proliferación de gatos, hay que darle un pescozón cívico al tonto el haba que va por las mañana en una bicicleta pequeñusa, con un contenedor en el que lleva el pienso y una botella de agua escondida bajo el chaquetón; se resguarda del frío de la mañana con una gorra que lleva unas orejeras. Por lo de la bicicleta, parece salido de la película E. T. y por la gorra se asemeja al tonto de Solo en Casa. Pero este alemán tontuesco practica un amor a los animales -ya podía haberle llevado condones- que ha llenado, desde hace años, las calles de gatos, cientos de gatos, porque han crecido sin control de natalidad, por la voluntad imbécil de un hombre que es incapaz de hacer caso a nada. Porque ya ha sido denunciado a la autoridad y no se ha reformado. Pero ha tropezado conmigo. Yo lo voy a denunciar de nuevo. Porque la cosa es ya piritosa. Ahora ha aparecido una señora con un coche que abre por atrás y del maletero salen muchos y muchos gatos que se desparraman por la calle mientras ella pone de comer a los gatos que no comen por la crisis y la falta de trabajo y se meten de nuevo en el calor del coche cuando la mujer continúa su caritativa ocupación. Yo creo que todo se debe que está imitando la caridad animal -gatuna- del tonto el haba. Sin duda ella busca también ingresar en ese club privado de los tontos el haba de Calabardina. Nadie lleva, sin embargo, el control de esos desocupados que se atreven a maullarte cuando pasas por la calle y salen de sus refugios, y ya anoche soñé con ellos. El cabrón que me estaba arañando estaba subido al alféizar de la ventana. Como pueda lo cogeré como prueba de la invasión gatuna.  Así empezaron los emigrantes y ya no puedes hacer nada. Cuando había, se repartía. Ahora esperan la limosna. Y sufren en exceso. Como los gatos de Calabardina, que van de puerta en puerta por si hay algo que comer, pero ocultando su camada, que no tiene fuerzas para seguirla en sus correrías. Y la luna de febrero que está por venir.

Calabardina está asquerosamente sucia. No pertenezco a la cosa esa que se llama Junta de Vecinos porque cada uno de sus titulares piden cosas espléndidas para la pedanía, pero sólo han hecho un campo de futbito. Yo sólo me conformo con que un barrendero empiece su jornada diaria por una calle y continúe así diariamente hasta que acabe de barrer el pueblo y llegue a donde empezó. Y siga. Si uno ocupa más o menos playa o si se retranquea más o menos pues que la gente esté alerta. Lo mío no es eso. Yo sólo busco que los que pasean por la calle tranquila no se llenen de polvo, no pisen la mierda de los perros franceses de los emigrante aquileños a Francia, no se los coman la abundancia de basura, gatos y asquerosidad de que disfrutan las calles de Calabardina. Y de que el tonto el haba alemán se deje de chorradas y, si anda mal de la chola, que se la arreglen.

Sobre la playa arenosa de la Cala, tuvo lugar un importante acto cultural que dio comienzo una hora antes de que sol se pusiera. Felizmente coincidió su comienzo con las primeras gotas de la escasa lluvia que, sin embargo, obligó a sacar los paraguas, quitarles las bolas de alcanfor y abrirlos con rapidez. Cuando los premiados actuaron para el público, la lluvia seguía y tuvieron que salir dos criados también con feos paraguas negros para tratar de evitar el que los señores se calasen hasta los tuétanos. Sobre todo ella, que, aunque elegante, iba ligerita de ropa. De todos modos, el sol no se ocultó durante la lluvia, por lo que el baile lució. Sin embargo, acabado este, algún hombre sin escrúpulo robó el arco iris y la esperanza de reconciliación se ocultó en el horizonte. Todo el mundo sabe que estas cosas son así, son fugaces, son estéticas, son como son.

Calabardina, 12 de enero 2012
José Luis Molina







lunes, 2 de enero de 2012

UN AÑO ESCASAMENTE POÉTICO


Los años bisiestos parecen, quizá lo sean, al menos para mí, terriblemente terribles. O asquerosamente asquerosos. Tras mi última enfermedad más o menos dura, había recobrado una estabilidad que me protegía. El día 11 de mayo se cayó el cielo protector y me dejaron con las defensas al aire. Todo cuanto había conseguido se fue al garete, mi intimidad se había roto. Pero no la intimidad en Lorca, ciudad en la que todo es imposible y en la que nunca sucede nada, sino la de la Cala, la de mi calle tranquila. El 14 de noviembre, la plena voluntad de los demás consigue hacer un desaire del que sufro las consecuencias. Todo parecía apuntar a un cambio, a unos nuevos parámetros de conducta, de convivencia. Pero todo ha sido una mágica ilusión mientras ha durado. Ahora tienen que pasar al menos ocho meses más para superar la situación actual en la que la principal dañada es mi santa y yo el que ha de abandonar estudio, lectura y escritura para atender a mis obligaciones caseras para las que me encuentro indefenso. De ahí tantos días sin que nadie pasease por esta calle tranquila que escasamente veo desde el balcón que da a la calle. Espero que, poco a poco, las aguas vuelvan a su cauce. Para mí sería suficiente. Pero, creo que ya existe un cariñoso enfrentamiento entre el caos para el que no estoy preparado y la contemplación intelectual en la que me mantengo hasta que el fín acabe o el fin se consuma. Esta es la explicación que debe dar a quien, de cuando en cuando, se acerca a esta calle y levanta sus ojos al balcón cuyas persianas se encuentran casi siempre a media ventana, por el lugar justo en el que me defiendo del sol benéfico de este varanillo que hemos vividos en las días finales del malquisto año de 2011. Seguro que no decía tal cuando gané el premio de Poesía VILLA DE INIESTA, a donde volveré con Eralucana, si quiere y beberemos vino del Señorío de Iniesta, pero no de las cepas del fútbolista del "barza". sino de las de la denominación de origen.




Lo mejor de todos es que Calabardina sigue como siempre. El mismo tonto "el haba" sigue echando de comer a los míseros gatitos que proliferan gracias a este tonto "el haba" de manera descontrolada. Las calles siguen como siempre, sin barrer, vergüenza le debería dar al alcalde que sólo se ocupa de Calabardina para cobrar impuestos. La Asociación de Vecinos está en lo suyo, o sea, cada uno defendiendo lo que le interesa, y yo no me apunto a eso porque iba a ser lo mismo.




Porque la belleza de Calabardina sigue en su lugar descanso y esa no se la quita nadie. Hasta más ver