miércoles, 6 de junio de 2012

De ESCRITOS DE V N a LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN



Una de las primeras consecuencias de adentrarse en la lectura del libro de Juan Pedro Quiñonero, tan pulcramente editado por Editorial CONFLUENCIAS, de Almería, es entrar en contacto con libros señeros. Esto tiene un doble atractivo: por un lado, es una animación a la lectura, por el otro una curiosidad. La animación a la lectura te hace desempolvar algún libro que has leído hace poco, hace un siglo, o nunca, pero que lo tienes en tu estantería -lo puedes adquirir- y también es un libro bello y bien editado. La edición que yo tengo de Las aventuras de Huckleberry Finn la adquirí porque sus tapas eran como antiguamente, de cartón, además de llevar unas ilustraciones que te hacen sonreír y disfrutar, porque sin duda son para "niños", pero el adulto -yo incluido- también se emociona con su contemplación. En la sobrecubierta de esas pastas de cartón, se puede leer: "Las personas que intenten encontrar un motivo en esta narración, serán perseguidas. Aquellas que intenten hallar una moraleja, serán desterradas, y las que traten de encontrar un argumento, serán fusiladas". Es una lección didáctica: sólo hay que acercarse a la lectura para disfrutar. Lo demás se nos dará por añadidura. El segundo atractivo de leer un libro "recomendado", o sea, citado por otro escritor que, además expresa su opinión sobre la impresión que le proporcionó ese libro, constituye lo que he llamado curiosidad, porque nos pone en contacto con los libros que han ejercido influencia sobre el escritor, en este caso JPQ. Entonces, el lector realiza un viaje desde Los escritos de V N a las aventuras de Finn. Desde la página 85 a la 104, JPQ, trasunto de V N, explica o transcribe, como Dios sea servido o el lector acepte, la conferencia que imparte y que dedica a los "ausentes", es decir, a los que han escapado de la indecible y abominable encerrona que significa una conferencia, a esos prófugos con los que se identifica. El escritor real del libro de JPQ, que nos coloca en una conferencia en la que el conferenciante lee algunos trozos del libro de Mark Twain. Pero no los elige de manera inocente, sino porque manifiesta uno de los principios estéticos y éticos y sociales del periodista totanero, afincado en París y ciudadano del mundo: "Pero allí ni había españoles, ni árabes, ni tampoco había camellos ni elefantes. Allí no había más que una partida de chicos excursionistas de una escuela dominical". Me explico: sólo hay niños, chicos, seres humanos, de diferentes razas, lenguas (posiblemente) y religiones. Pero CONVIVEN juntos y sin peleas (guerras). Y ese tipo de convivencia es el que JPQ anhela para la España cainita, el mundo cainita, en el que vivimos. Todo concuerda. Y concluye el autor implícito: "Pensé también, que podría reflexionar acerca de la importancia capital de este libro en la fundación de la novela  moderna norteamericana. Pero recordé que Mark Twain, y no digamos ya Huck Finn, se hubiera muerto de risa ante esas pretensiones pueriles Que Hemingway afirmara que con Las aventuras de Huckleberry Finn nació toda la novela americana, que Eliot considerara a Huck Finn como un personaje comparable a Don Quijote, o Fausto, son cosas que, en definitiva, nada tienen que ver con las emociones íntimas del creador, que sólo deseó escribir la elegía de su adolescencia, el relato y la apología de los quince primeros años de su vida en las orillas del Mississipi".


Calabardina, 6 de junio de 2012
José Luis Molina Martínez

domingo, 3 de junio de 2012

JUAN PEDRO QUIÑONERO, EDITORIAL CONFLUENCIAS Y ESCRITOS DE V N

Ayer me llegó el cartero con un libro que llenó mi día de alegría, por dos razones: el libro es de JPQ y por la brillante y sorprendente edición de Editorial CONFLUENCIAS. Nada tiene que ver con la primera edición de este mismo libro que se haría con los medios de que entonces, 1978, se disponía. Lo formaban 316 páginas que  se han quedado en 284. Eso es más digerible y resulta más cómodo de leer, no por el recorte de páginas, sino porque el tamaño de las letras de la primera edición, los escasos márgenes laterales de sus páginas, el  tipo de letra tan menudo como feo de las notas a pie de página y la calidad del papel, hoy amarillento, que no ha soportado la incuria del tiempo, lo hacía -hace- casi rechazable. Lo único bueno era la doctrina que contenía. A pesar de ello, su lectura era fatigosa. El libro venía a ser la puesta al día de los demonios personales del escritor que bastante historia tenía ya acumulada a pesar de ser de escasa edad para tener una formación tan interesante, producto de miles de lecturas anárquicas, pero con un único sentido: tratar de comprender, para después comunicárnoslo a nosotros, sus lectores y amigos, la identidad de este país, la existencia de sus culturas autónomas y la actitud cainita de los hispanos. Intentaba una convivencia mejor, darnos a conocer, desde su atalaya de París, lo que era Europa y los problemas que originaba ser europeo, porque tampoco Europa ha solventado sus cuitas, como sabemos ya por experiencia. Como ejemplo, una de sus preocupaciones: Josep Pla y la construcción mitológica de Cataluña. 

Como quiera que era una especie de confesión intelectual de su trayectoria casi íntima, o sin casi, la nueva novela de JPQ, de igual título que la anterior, de hace ya 34 años, al llegar a la altura de la vida que lo contempla, ha variado el orden de los capítulos, ha eliminado algunos, ha añadido otros, los ha dispuesto de otra manera y ha ganado el libro al no tener que leer cosas que ya han perdido actualidad, conocemos ya por el transcurso del tiempo, o ha creído necesario y/o prudente quitar, por ejemplo, el apartado dedicado a Introducción a Baudelaire. Y lo digo no porque se trate de una literatura maldita, sino porque de él, del simbolismo, arranca la nueva poesía hispana que influyó en Juan Ramón Jiménez y otros tantos buenos poetas. Esto lo digo a primera vista porque, tras su lectura, igual aparece fuera de epígrafe alguno. Ahora mismo sólo doy noticia de la efeméride, no de su contenido, que eso vendrá en su momento, después de su lectura. Por otro lado introduce a Jünger y lo sitúa en la tierra de Circe. Algún motivo habrá que desvelaremos, Deo volente. Introduce a Ramón Gaya y sí conocemos su porqué y el libro que le ha dedicado ya que es su fervoroso admirador, entre murcianos anda el juego, ambos exiliados per se o per accidens, y habitantes de París, de "su" París. Elimina De la Naturaleza e introduce Anales del Alba. Todo esto que comento es la hojarasca. El resto vendrás después. En el entremedio, la sensación nueva de tener en la mano un libro tan bellamente editado, de papel tan agradable al tacto, que contiene una obra de un amigo al que le esperan aún otros éxitos. El que posea la edición anterior -localicé hace poco un ejemplar en  una librería de viejo-, puede hacer un estupendo ejercicio de lectura: coger los dos libros e ir leyendo los capítulos retirados y los añadidos. Seguro que se enriquece más el lector amigo. Gracias por la lectura y gracias por el libro, del que hablaremos en cuanto concluya su lectura


Calabardina 3 de junio 2012
José Luis Molina Martínez

miércoles, 30 de mayo de 2012

JUAN PEDRO QUIÑONERO Y CUADERNOS HISPANOAMERICANOS


Permítaseme que antes de entrar en la materia que se anuncia en el título de esta entrada, lama mis heridas, tanto las personales como las de mis conciudadanos damnificados desprovistos de soluciones. Aún por recoger del todo la herencia que ha dejado el terremoto, entre otras frustraciones que, no por confirmadas ahora y sabidas desde siempre, dejan de hacer daño, como es el modo de organizarse grismente una reinvención de una Lorca venida a menos y llena de desconches, de cuando en cuando nos llegamos a la ciudad para no dejar que las heridas cicatricen, y revuelvo entre mis cosas para ir recogiendo lo que me apetece y traérmelo hasta Calabardina, porque, en verdad, no volveré a la casa que habitaba. Si protestando se hicieran de otro modo las cosas que no se han hecho bien, estaría veinticuatro horas al día gritando. Por ejemplo: si en junio obligan a desalojar un bloque de viviendas, por poner un ejemplo, ¿por qué hasta pasado un año nadie de la administración ha decidido declarar en ruina económica el edificio? Pensando bien, lo han hecho para que los que ocupan ese edificio, obreros y jubilados mayores, se tengan que gastar ahora una pasta gansa en derribarlo. ¿Es que los técnicos han estado un año estudiando la situación del edificio? ¿Quién lo va a edificar de nuevo? ¿Esa gente que no tenía ni seguro del edificio? Esa es una solución que ofertan. Se van y esa oficina del suelo que han creado edifica y el que no pueda lo pierde todo. Eso creo que va por ahí, aunque me queda informarme mejor. Nunca en hora más aciaga llegó el terremoto.
Entre los ejemplares que he rescatado de CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO, se encuentra el número 256, de abril de 1971. Por esas fechas era suscriptor de la revista y lo fui durante muchos años, hasta que perdí el interés. Lo que acaecía en la revista no me decía nada. Ahora me gusta repasar su índice para tratar de reencontrar mis intereses culturales en general y literarios en particular de entonces. Pues ayer, mientras repasaba algunos números, me encontré con este que traía un artículo o como se quiera llamarlo, en la sección de Notas y Comentarios, titulado NOTAS SOBRE LA POESÍA CATALANA. El que siga actualmente a Juan Pedro Quiñonero en esa inimitable unatemporadaenelinfierno, le habrá leído cuanto escribe sobre los nacionalismo excluyentes o no, sobre la literatura, sobre la decadencia, ruina y muerte de España y sobre aquella utopía que no sé si verá alguna vez realizada de la convivencia entre las tres culturas: judía, musulmana y cristiana, que no creo que tenga lugar mientras la altura intelectual y espiritual de estos tres pueblos, de estas tres formar diferentes de cultura esten a la misma altura, y no navegue en el mar de la ignorancia, que es lo que representa esta sociedad actual. Escribe con ocasión de la publicación de OCHO SIGLOS DE POESÍA CATALANA, mucha recogida de otros acerbos porque Cataluña parece ser que era un condado dependiente de Aragón, cuya realización firmaba José María Castellet y Joaquim Molas. Estaban poniendo estos antifranquistas, al menos Castellet las base del nacionalismo que ha dado los frutos de todos conocidos, como el tripartito y otros buscadores de su propio ego y lo que pueda venir al lado: poder, riqueza, poder y poder. Juan Pedro Quiñonero les dice lo que tiene que decirles, bien dicho y sin apartar el cuerpo de las andanadas que le pudieran venir, sin es que le llegaron algunas. Escribe esto: "Mis objeciones, pese a todo, son claras y afectan a la metodología empleada. Parece ser que el intento ha consistido en facilitar, en un esfuerzo editorial funcionalista en el mejor sentido, una panorámica de la poesía escrita en catalán a lo largo de ocho siglos". Mucho esfuerzo, dice, sobre todo por el periodo que abarca y presenten sólo literatura "catalana", con lo que olvidan la escritura en castellano, cometiendo cierto desliz crítico. Pero Castellet, al menos, añado yo, sabía lo que hacía. De Joaquín Molas no conozco nada, ni voy a prejuzgar su intencionalidad, que está más bien clara, a mi entender. Muestra, a continuación, JPQ su conocimiento y simpatía de y por la literatura catalana y se entretiene con Ramón Llull y la mística. Quiero decir, y digo, que están presentes las cosas que cualquier lector de su blogs puede entender porque las ha reiterado en varias ocasiones. Concluye lamentando el ocultamiento que se ha hecho, se hace y, si la cosa no se enmienda, se hará, de poetas tan genuinos como Salvador Espríu y otros que, en mi opinión, han sido eliminados de las letras catalanas quizá porque escribieron en castellano y el nacionalismo, que no lee poesía, los excluye, eso sí, democráticamente. En caso contrario que les pregunten a los políticos  nacionalistas, que lo aseverarán si no responden con su desconocimiento de ellos. Esto último me pertenece, también es mi comentario personal. Y así concluye JPQ: "Carner, Carles Riba, Josep M. de Sagarra, J. V. Foix, Pére Quart, Agustí Bartra, Barloméu, Roselló-Porcel, Joan Teixidor, Salvador Espríu, Gabriel Ferrater, son las muestras evidentes de una poesía riquísima, muy desconocida, muy olvidada, falta de un urgente lanzamiento cara a las nuevas generaciones que, por razones sociológicas, se encuentyran más posibilitadas que hace unos lustros de conseguir una integración beneficiosa entre culturas diferentes, retornando a un edén insólito, como en los versos de Espriu:
Oh, que cansat estic de la meva
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m'agradaría d'allunyar-m'en,
nord enllá
on diuen que la gente és neta
i nobel, culta, rica, lliure,
desventllada i feliç!"
Estos versos deberían pertenecer a La pell de brau.  
Lo que han hecho con Espriu es algo que no tiene nombre. En mi casa tiene acogida. Poseo hasta libros por él dedicados. Y leo con trabajo, eso sí, y con la ayuda de un diccionario, a Miquel Martí y Pol, a Joan Margarit y a otros varios que, si hace falta, se nombran.


Calabardina, 30 de mayo de 2012
José Luis Molina Martínez

IPSA SENECTUS EST MORBUS

Hammershoi

Porque el destino ha querido, los antiguos solemos decir que Dios lo ha permitido, quizá porque practicamos aún la fe del carbonero, he de bajar de Calabardina a Águilas todos los días laborables, para que mi santa pueda hacer la rehabilitación prescrita y por el traumatólogo que la operó dos veces por una caída en la acera que está delante del derrumbado edificio llamado Residencia San Mateo. Se dejaron la baldosa para que una persona mayor se dejara los sesos en el suelo. Ya contaré el día que me coja enfadado con el mundo, las circunstancias del caso. La clínica de la rehabilitación se encuentra casi enfrente de un geriátrico que hay al lado de lo que era Hospital de San Francisco y ahora es juzgado de Paz. En dicho geriátrico, o residencia como gusta llamar ahora al lugar donde los mayores esperamos la muerte, acaba sus últimos días un amigo de Lorca con el que suelo hablar cuando sale a la calle y yo ando sentado en algún banco escribiendo algo. Después de la última conversación, me puse a la labor diaria que ejecuto mientras mi santa anda con el "fisio". Así quedó la cosa.

¿Cuándo acabará el deseo de la paz
inalcanzada? ¿Cuándo habrá un remanso
para que descanse la corriente clara,
pura, cristalina, cabe los álamos de la orilla
y olvide el viaje hasta la mar que el es morir
ansiado? ¿Cuándo llegará el día silencioso,
silenciados ahora por el propio deterioro
de la edad, en el que veamos la letra de la
canción antes del crepúsculo, antes de que
la bruma envuelva árboles del bosque
y la memoria que flojea como las fuerzas
corporales?

                     Al cabo del recodo, un camino
de abetos que hasta el país en el que habitan
los míos conduce:
mi padre olvidado,
muerto joven sin el amor de los dioses;
madre amada, con quien me placería hablar
las cosas que no le dije en vida.
Se acercan y vociferan aformes discursos:
me reclaman diligencia, comprensión, actitud
favorable. No les escucho. Acabo de orinarme
encima, la próstata enemiga insumisa,
no tuve tiempo de llegar al aseo. No encuentro
los útiles de limpieza y lloro, débil soy ya
para solucionar problema tamaño.
A cada día le basta su afán
y cada mochuelo vuela a su olivo. 

                                                        Sí, lo escucho,
mientras en mi interior reía por no padecer,
por no creer cuanto me decían mis allegados.
Y aquí estoy, cansado del viaje, ahíto
de no poder seguir cuanto es mi cotidiano
existir,
pasear estúpidamente de acá para allá,
mientras
las camisas siguen sucias en la bolsa donde
escondo mi ropa, con manchas de aceite
de la tostada, que no debí comer antes de
hacerme el análisis de glucemia
que envenena mi sangre, y la tensión
solapada que crece por todo esto que me
abruma y no encuentro el lugar
en el que puse las pastillas y no las tomo.

                        Ahora me dejan un rato libre
y empuño un pilot como arma avanzada
que ensuciará un papel en blanco
con las quejas que a mí mismo me dirijo
porque soy el autor de mis propios estropicios
y no me dejan gozar mi tiempo, las páginas
del libro, el banco en el que me asiento
en la alameda que acerca los pinos
a ese mar que es el morir sólo de edad,
sólo de tedio,
sólo de soledad y silencio ansiado,
mientras no tienes
cerca gentes y cosas que amaste y amas,
personas que se van y vienen y tú esperas,
en eterno retorno, su sonrisa cálida
que tal vez llegará la semana que viene,
el mes que viene,
el año que viene, o tal vez nunca.
Sí, lo entiendo, mi vida no debe chapar
la tuya, mi vida sólo debe depender
de los recuerdos de antaño.
De todo esto sólo me estorba
saber que vivo en claustro abierto
y que en mi jardín
los árboles sólo tienen las ramas secas.
A su sombra me arrimo, mientras
las horas pasan en el banco de la orilla
de la Cala, hasta que la noche me lleva
a la pastilla que me ayudará a dormir,
que es el morir que llega poco a poco
y yo espero con la maleta en la mano,
mi equipaje preparado:
sólo quedará de mí cuanto escrito
me ha permitido vivir
como si fuese un poeta,
un hombre que sueña.

Calabardina, 30 de mayo de 2012
José Luis Molina Martínez

AL MARGEN DE TERESA. J. HERRERO ESTEBAN



Internet te acerca cosas que te interesan y que, un día, buscando, encuentras por la red, como quien encuentra un tesoro, porque te alivian el día de cargas inseguras. De este modo, por un artículo que firma quien abajo se puede leer, he encontrado el poema de Jacinto Herrero Esteban que correspondía a 2011, el que iba a enviar a los amigos antes de que la muerte lo sorprendiera. En un blogs de México me he encontrado una de las fotos que le hice a poeta con mi santa esposa en Ávila, cuando fui a verlo sin saber que era la última vez. Que Dios lo premie, pero que, la próxima vez, cite la fuente.

Langa al atardecer
Al margen de Teresa
Esta mujer tenía su raíz en la tierra:
tal vez vio al hortelano mullendo los terrones
del breve huertecillo, preparar para el riego
un caz de agua limpia donde beben palomas
de su palomarcito y menudos gorriones
que en el salmo aparecen solos en el tejado;
pían en soledad en busca de refugio
para una Noche larga esperando el Sol nuevo:
contempladlo de frente y quedaréis radiantes.
Ella ha viajado con vientos y tormentas,
vadeado los ríos en viejos carromatos
por llegar a ciudades de noche sin dineros.
-Y no tenemos casa. Conviene no hacer ruido
en esta pobre ruina hasta que no amanezca.

JACINTO HERRERO ESTEBAN
Ávila 14 de octubre de 2011.
José Luis Gutiérrez Robledo

En Calabardina, a 30 de mayo de 2012
José Luis Molina

El treinta de mayo
al campo salí
a recoger flores
de mayo y abril.
Yo soy la viudita
del Conde de Orée
que quiero casarme
y no encuentro con quien.

La foto me parece que la he sacado de la web de Langa. Gracias.


Esta canción de corro de mi infancia se me ha venido ahora mismo a la cabeza, quizá por ser hoy 30 de mayo. No recuerdo más, pero por ahí debe andar la letra.


Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo. Faltan ya 10 día. Pero ya no se lleva sayo.


Que todo vaya bien.

jueves, 17 de mayo de 2012

LA TRISTEZA DEL MUNDO Y OTRAS LECTURAS


Cuando alguien a quien juzgas coherente te habla de alguien a quien no conoces y, en varios lugares del mundo de los libros, te encuentras siempre un mismo nombre con elogiosas frases sobre su literatura más o menos independiente, que no tiene nada que ver con los amaños editoriales para vender el producto, lo que suelo hacer es adquirir esos libros elogiosos, para darme después el gustazo de comerme las uñas y cabrearme conmigo por no haber dedicado mi tiempo libre, es decir, el que me deja mi afición a la escritura, a releer el Quijote. Tanto he leído, la mayoría de las cosas en blogs, sobre Enrique Andrés Ruiz, que decidí comprar sus libros. Así que tengo en mi mesilla LOS MONTES ANTIGUOS, LOS COLLADO ETERNOS que voy a leer, poco a poco, si no trata de la guerra civil, y LA TRISTEZA DEL MUNDO. Este segundo título lo abrí de inmediato por la sencilla razón de que sus páginas son menos que las de la novela. La tristeza del mundo es un ensayo. Te pones y los lees y se te hace la cosa un lío. Agrada que el ensayo tenga un subtítulo: Sobre la experiencia política de leer. Lees, lees y vuelves a leer, eso sí, pasando las páginas y no sé si se trata de decir que ahora nadie se acuerda de Dios y hay que leer la Biblia todos los días para tenerlo presente o algo parecido o semejante. El prólogo te despista y el lector, en este caso yo, sigue despistado. No sé si se trata de aprender el modo correcto de leer o el modo extraviado de leer. El primero es "el que cuenta con la existencia de la verdad"; el segundo, "el que niega esa existencia o la neutraliza mediante la aplicación de una quizá espontánea hermenéutica relativista". Al final se da uno cuenta de que hay un proceso que es el de debe invertir el lector. Nos dice el autor que Eliot observó la sustitución "del conocimiento por la información" pero que, en la actualidad, esa información "ha sido suplantada por la noticia". Por ello, hay que estar preparados para que no nos den noticia por información. La verdad es que voy a leer de nuevo este libro para entender qué sucede con San Agustín, con la Biblia y con el "entendimiento de la lectura". Porque me pregunto si es que hay una propuesta religiosa de la lectura para escapar de la intencionalidad política. Aun con esta reticencia mía, el libro es interesante de leer y, por supuesto, de innegable provecho.


La verdad es que he estado liado con otras (escrituras) lecturas más urgentes para mí porque tienen relación con lo que ahora me ocupo. Acabé de leer La poesía de la experiencia, de Robert Langbaum y me puse con Anatomía de la influencia. La literatura como modo de vida, de Harold Bloom. Son lecturas para mí onerosas porque estos autores, críticos pertenecientes al área lingüística sajona, ejemplifican con modelos ingleses o americanos para mí desconocidos en la mayoría de las ocasiones, lo que me supone un esfuerzo más serio. Son lecturas técnicas, especializadas, que te dejan exhausto.






jueves, 3 de mayo de 2012

HOMENAJE A QUEVEDO

Tramo parcial de la carretera de circunvalación de Murcia (Imágenes Google)

Me cabrea el que los políticos piensen que la cosa es suya, y la casa y la carretera. Y hasta el poder. Viene ahora Esperanza Aguirre y nos sorprende, aunque ya lo esperamos todo de esa raza que se cree privilegiada y que se lo merece todo, con que vamos a tener que poner -ellos- peaje a las autovías o autopistas que circunvalan Madrid porque los servicios públicos en todos los países europe(d)os se pagan. Pero, da la puta casualidad de que esas carreteras por las que circular va a costar unos euros, también se han construido con impuestos de los ciudadanos. Llegan los políticos y nos estrujan para quitarnos lo que puedan para que se lo gasten en lo que les dé la gana para deslumbrar y quedarse en el poder, que es lo que les interesa a ellos y a los partidos políticos, sean del signo que sean, pues parecen unas oficinas que han de colocar a sus afiliados y a los que trabajan por el partido. Menos leches, señores políticos. Porque, como todo siga igual, todo seguirá igual y ya veremos qué pasa cuando la gente se dé cuenta de la opresiva manipulación: unos ahorran y otros malgastan. Son los técnicos los que deberían decidir en qué se invierte, qué obra decente se hace, por qué educación y sanidad no deben sino reforzarse. Se debería poder pedir responsabilidades penales a los que dilapidan la pasta haciendo un aeropuerto un otra tontería faraónica en cada esquina para que parezca un oasis de hormigón en medio de la llanura manchega, murciana o catalana. Se debería exigir a los ciudadanos que sean más consecuentes: si dieron a Rajoy la mayoría absoluta, o sea, manos libres para hacer lo que le viniese en gana, ¿por qué ahora se le critica por hacer lo que se le pedía? Quizá lo que hace falta es no votar. Así la calle es de todos, ni siquiera del 15 M sólo. También debería estar prohibido ayudar a los cocaleros y a las populistas que, en cuanto pueden, te dan gato por liebre y se quedan con las propiedades e inversiones que se han hecho en su país, aunque sea, al parecer sólo con las españolas, quizá aprovechando la decadencia del país y la desunión de los partidos que sólo hacen morder en la yugular al que está en la poltrona, quítate tú para que me ponga yo, que este país es nuestro. Hoy es 3 de mayo. Aquella revuelta popular sólo sirvió para llevar de nuevo al pueblo bajo las horcas caudinas y que la bota absolutista lo pisase. Cuando me tratan de tonto, me siento mal. Y ahora me parece que así nos tratan. Con mayorías absolutas o sin ellas. Si no se les votara, otro gallo nos cantaría. Sólo hay que lamentarlo por la gente sana que entra en el mismo saco, pero... hay que modificar esta situación que ya nos sobrepasa. Véase, si no: http://www.solosequenosenada.com/2011/05/31/ranking-de-partidos-politicos-corruptos-en-espana/
Madrid, a comienzos del siglo XIX
Todas las piedras de los patrios muros
esparcidas aparecen, despojos
tristes de la incuria, tantos enojos
causa el mal gobierno: trueques impuros,

muchas manos en la talega, puros
cohechos, hábiles rapiñas. Flojos
principios morales ponen de hinojos
a un pueblo en yugo. Ediles inmaduros,

en busca incontinente de carroña,
desmantelan los restos materiales
de algo que fue riqueza y sólo es ruina.

Sufran su pena, reciban ponzoña.
Acudan sobre ellos todos los males.
Al pueblo sólo queda hambre canina.

Calabardina, 3 de mayo de 2012
José Luis Molina Martínez