domingo, 31 de julio de 2011

CUENCA, final de julio de 2011


Seguramente harán al menos cuarenta años que estuve por vez primera en Cuenca. Seguramente iría en mi primer coche, un 600 de segunda mano, azul, M - 445554, que me servía para lo que me lo compré. Sería por el año de gracia de 1965. Nos bañamos en un río frígido, que sería el Júcar, en un lugar que me parece se llamaba posiblemente ¿Magdalena?, comimos morteruelo, zarajos, alajú y bebimos resolí. Todo eso me era desconocido entonces He vuelto muchas veces después, he visitado muchas veces su Museo de Arte Abstracto (¿lo pude conocer antes de su definitiva ubicación en una casa donde vivía un pintor, seguramente Zóbel, a la que me llevaron?), sus Casa Colgadas, en cuyo restaurante comí con Juan Montalbán, años después. He llevado alumnos en viaje de estudios. Me he sentido vinculado a ella. Había dejado de ser ciudad imperial, ciudad asimilada a monseñor Guerra Campos, más poética que la rigidez de un Federico Muelas y semejantes. Estuve en Carboneras para conocer a Carlos de la Rica, que vivía en un ambiente decadente, artificial y artificioso, demodée incluso, compré libros del Toro de Barro. En su casa de Carboneras de Guadazaón, en la que estuve con mi santa esposa, había muchas cabezas de ángeles de las que se caían de los retablos, como efebos que cuidaran de que no faltara incienso en los pebeteros. Después, me olvidé, porque, desde Lorca, es complicado vivir el ambiente conquense. La libertad, para todos. Incluso hasta para los que viven en Lavapiés. Por si sirve de algo mi tolerancia, afirmo que cada cual puede hacer lo que quiera sin molestar a los demás. No como mis vecinos que chillan y chillan y chillan y no es que chillen, dicen, es que nosotros hablamos así, con un par. Menos mal que el verano tiene los días que tiene, los de todos los años, y que pasarán en un mes, más o menos. Aunque lo del terremoto ha jodido mucho porque los chillones están aquí desde mayo, no soporto a quien chille.


Con todo lo dicho, se puede percibir mi afecto por esta ciudad, cuya provincia conozco desde el uno al otro confín, es decir, desde el Nacimiento del Río Cuervo hasta Tragacete, desde Uclés hasta Iniesta, donde fui premiado, desde Tarancón a Belmonte, desde Alarcón a Las Pedroñeras. Sin embargo, no he visto en este viaje una Cuenca alegre, como si hubiese sido abandonada de manos de los políticos que han apostado más por Albacete y Ciudad Real, Cuenca, en la que vi bailar y cantar la jota comunera con más fuerza del mundo (Arriba y arriba, abajo y abajo, /que a tu novio se le ve el colgajo o viceversa Abajo y abajo, arriba y arriba, que a tu novia se le ven las ligas) pues había allí, desgañitándose, una mujer llena de fuerza, empuje y alcohol, pero podía con todo. Todo pasó en un tabernáculo de enfrente de la catedral, casi al lado de donde hoy hay un semáforo para que puedan subir y bajar los autobuses urbanos, taxis y todos los vehículos.y así acabo antes. Esta vez no entré en la catedral. Me senté a la sombra de sus escalinatas y me eché una siesta, mientras mi santa visitaba no sé qué Museo en el que había una olla con monedas que alguien enterró reinando Fernando VII, o algo así me contó.



Esta vez me hospedé en el Torremangana y, la verdad, es que estuve bien.


Hasta él se acercó Helga, que acabó su Asamblea una hora más tarde de lo previsto, cayendo ya la tarde en el silencio de lo infinito.


Cenamos fuera. Le gustó el morteruelo. Hablamos de los unos (los vivos) y de los otros (los muertos) de la Asociación. Le pregunté por el lugar de la próxima Asamblea. Cádiz en julio no se la merienda un negro de calor y de gente en la playa. No quiero gente, negra o no. Gijón está lejos y no merece la pena. Después me nombró Ávila o algo así. Eso está más cerca y, desde Alicante, Altaria te deja allí. Es más fresco, pero la canícula en Castilla también aprieta.


También hay emigración, aunque apenas se nota, claro, no hay industria, sólo servicios. Aunque esté la UNED y la otra universidad, no sé qué facultad. En Lorca manda la emigración: hay cientos de miles de ecuatorianos y de marroquíes. Si sales a la calle, cuentas un lorquino/a por cuatro o cinco emigrantes, no creo que lo sean por gusto.


Volveré a esta Cuenca que está ligada a mi persona.

sábado, 30 de julio de 2011

CASTILLO NAVARRO



La metáfora perfecta: del labio leporino a la flor en la boca

Raro es que el que conozca a Castillo-Navarro no se pregunte por qué dejó de escribir como si eso fuese algo primordial en su bibliografía. Más preocupante resulta que ninguno de sus libros esté al alcance del lector, a no ser que vaya a una biblioteca o  pida el libro al amigo que lo posee. De la primera manera, Castillo-Navarro, de cara al público, presumiblemente no escribe. Yo, tampoco lo sé. Pero, ¿qué importa eso? Aunque sí tengo en mi casa un ejemplar mecanografiado de Cuentos para aprender a vivir. Y, además, en otro tiempo, asistí al proceso de escritura de Mata mala mata. Y he tenido en mis manos Los negros toros de mi ira. Es decir, si no publica es porque no le apetece o por otras razones muy personales. Por la segunda causa, o efecto, que qué más da, Castillo-Navarro ha pasado a ser una leyenda y un desconocido. Desconocido, olvidado, escritor inexistente porque no se le lee. Leyenda porque ya la tiene viviente. El viajero que vaya a Lorca, o el ciudadano local, puede acercarse a la Placica Nueva y contemplar la escultura que representa a El niño de la flor en la boca. Ya forma parte del paisaje urbano. Lorca, ayuna hasta hace poco de esculturas, ha sido generosa con algunos de sus hijos, que ya la tienen. Todas se justifican, pero las de título abstracto, como la de la Bordadora lorquina o la del Procesionista, próxima a inaugurarse, tienen un encanto diferente, íntimo incluso. Claro que, como la de El niño de la flor en la boca, ninguna, porque incluso el nombre es poético. Todo porque Castillo-Navarro titulaba muy bien: El cansado sol de septiembreCon la lengua fueraLos perros mueren en la calle.
            Castillo-Navarro queda también siempre en el centro de una concepción crítica, más o menos polémica, que quizá hace unos años podía ser más interesante porque se estaba en el meollo de su producción, pero que siempre era una adscripción provisional. Yo, al menos, siempre he sido un disidente de esta interpretación. Se aseveraba con rotundidad que la novela de José María pertenecía al realismo social. Sería por oposición a lo que más tarde se denominó realismo mágico, que vaya usted a saber lo que significa en estos precisos momentos. Son las dos caras de una misma moneda. Toda novela es social de uno u otro modo y se piensa, o pensaba, que el novelista que no traza su historia en el mundo actual, es decir, del tiempo de su escritura, ya no es realista, cuando la realidad de lo mágico tiene una corporeidad acusada. Pero, bueno. No voy a seguir por ahí, no sea que venga un crítico y me anatematice o haya que profundizar más en ello. Pero la verdad es que la novela de Castillo-Navarro, y creo que hasta él discrepaba de mi opinión, está dentro de un esteticismo humanístico de origen católico-religioso. Quizá se vea eso ahora con más perspectiva. José María inicia una novela en el más crudo realismo social, pues el origen de la misma es una desigualdad. Pero, a lo largo de su desarrollo, a Castillo-Navarro le gusta bucear en la psicología de los personajes y extraer el mundo interior que todo ser humano lleva dentro. No se olvide que Los perros mueren en la calle está dentro de lo que más tarde se llamó novela urbana. Pero es social porque se ocupa de la emigración de los desprovistos a Barcelona. Manos cruzadas sobre el halda presenta una problemática social, pero más importante que eso, que sólo sirve de excusa, es la temática que desarrolla. El que alguna de estas novelas fuese perseguida por la censura, sólo indica la ceguera de algunos y de la desafortunada época que nos tocó vivir. Y eso le conforma una aureola que es muy importante para el novelista y para su obra. Las uñas del miedo es una introspección intensa sobre el resultado patético de la guerra civil. Y había que tener valor para escribir así y entonces. ¿Es, acaso, Caridad la negra un libro sobre la prostitución? Pues yo creo que, sin obviarla y sin caer en el costumbrismo, de lo que se trata es de penetrar en el mundo interior de la pobre mujer que con el candil entre sus piernas avisaba de que estaba desocupada. Lo importante en Castillo-Navarro son los temas que trabaja. Y si se pregunta por la vigencia de su obra, la tiene aún a nivel de estudiosos. Esto lo confirma la última tesis que sobre él se ha escrito en Bélgica.
            Pues bien. Se piense de una u otra manera, y ya los críticos, que están revisando precisamente ahora el papel de la novela social, han sido más flexibles de los esperado, e incluso sus protagonistas -Antonio Ferres, por ejemplo- comprenden que sólo fueron hijos de una época y de ella escribieron. Claro que me refiero al ámbito castellano. Hemos de recordar que Castillo-Navarro escribe y publica en Barcelona. Lo importante es que la obra de estos novelistas y a ellos mismos no se les olvide. La etiqueta que se les ponga un día se les puede quitar al siguiente porque la crítica moderna es veleidosa. Y hemos de tener en cuenta que algunas de estas novelas están a punto de cumplir el medio siglo, al menos han pasado la cuarentena. Y hago una breve apostilla: de lo que se trata es de escribir bien y Castillo-Navarro lo hizo en su tiempo y ahora permanece su obra, es decir, ha soportado el paso del tiempo.

          
  Por eso, Castillo-Navarro es importante y sus novelas también. Y existe un maldito problema del que él se ha dado cuenta, creo, y actúa, quizá conscientemente para él, no tanto para los lectores: no tiene ningún interés en que se le lea. Al menos esa es mi impresión. Claro que, desde el antiguo conocimiento que tengo de su persona y su obra, pienso que sería interesante que sus novelas se publiquen de nuevo en ediciones anotadas por especialistas. Al menos por personas que hagan una lectura afectiva. No que las analicen como algo que fue y ahora no tiene sentido, pura arqueología el escrito. No tiene sentido reivindicar o resucitar algo por el mero hecho de hacerlo, sino por su valor intrínseco.
            Mientras esto llega, disfrutamos en Lorca de la presencia del Castillo-Navarro escritor, novelista. Podemos, y podremos, verlo a través de Ginés, el niño del labio leporino que la magia de una escritor realista convierte, a causa de una metáfora perfecta, en el niño de la flor en la boca, al que tenemos a unos pasos, en el lugar que el escritor deseó, cerca de donde nació. Y eso es hasta todo un símbolo. Crear un personaje como el de este niño implica tener mucha ternura. La que José María Castillo Navarro posee.

HELGA HEDIGER


Conocí a Helga Hediger hace ahora diez años. Era presidenta de AEPE (Asociación Española de Profesores de Español y, al año siguiente, acaba su mandato. Vino a Lorca a verme un tal X acompañado de Manuel Castiñeira Bueno, lorquino de pro que ejerce en Almería. Se trataba de organizar la Asamblea anual que AEPE celebra todos los años en la segunda quincena del mes de julio en una ciudad distinta, la del ayuntamiento que les ayuda. Se habló con la Concejala de Cultura y se quedó que, al año siguiente, se celebrase en Lorca. Tenía que ser así porque, en caso contrario, no interesaba. Estuve hablando con ella en Madrid y quedamos en que ella no me iba a ayudar pero tampoco iba a decir que no. Quedamos en que hiciera u proyecto y me presentara en Cáceres, en donde tenía lugar la Asamblea, para defenderlo de la otra candidata que era Alcalá de Henares. En Mérida, donde me alojé, vimos una obra teatral en el Teatro Romano que estuvo así así siendo piadosos. Para el teatro soy muy exigente. No me gustan los actores gestiiculantes, chillones, ripiosos y guaperas, que visten de informal o casi peor, pero como son artistas..., por eso no veo teatro, ni español ni forastero. Muchos actores no tienen dicción, exageran, utilizan tópicos en los que esperan que el público se rían, porque no saben hacer llorar. Por lo menos eran así hasta la última vez que vi una de estas obras, hace siglos. Son defectos de escuela, que no sé si hay en España y, cuando sale algún actor, es un Bardem, que lo que ha aprendido, lo ha hecho en EEUU. Bueno, pues ganamos los nuestros y se celebró el Congreso en Lorca. Aun conservamos la amistad. En 2006, como tenía que despedirme de un amigo poeta, Jacinto Herrero Esteban, Premio de las Letras de Castilla y León, que estaba muy enfermo, estuve en Ávila y fui a Segovia en donde estaban celebrando su Asamblea AEPE. Ayer vine de Cuenca a donde fui porque me dijo que quería vernos y yo pues fui: si fui fue porque fui. Está bien, de lo que me alegro. Me regaló un libro, del que no sé si hablaré o no en este blog, que se titula CORAZÓN DE TANGO, salido de la pluma de Elia Barceló, en la editorial 451, de Madrid, en 2007, Es hermoso contar con buenas amistades, sin que medien intereses.


Cuenca es una ciudad que antes, cuando era feliz e indocumentado y por este país no había pasado un tal Zapatero, intelectualmente cero, al que no soporto intelectualmente, y que el Dios en el que no cree lo acoja en su santo seno, el del olvido, adoraba. En este viaje, muy productivo, sólo he fotografiado árboles:



Son mis fotos

martes, 26 de julio de 2011

VARIEDADES



Hace ya unos días que no he entrado siquiera en este negocio, al menos una semana, y he pasado de puntillas por esta y por otras obligaciones impuestas que no he cumplido. Pero tengo razones justificables que no son del caso, aunque... Sólo me queda pedir disculpas a mi dos seguidores y decirles que, con independencia de mis otras obligaciones, aunque haya acabado mi penúltimo trabajo sobre Eliodoro, siempre suceden otras cosas, sobre todo por ser verano, fecha en la que la gente en general procura divertirse y bañarse un rato junto al mar soñé, mientras alteran la paz marina y se alegran los chiringuitos de la playa y los chicos de la Cruz Roja, porque, por no haber, no hay ni medusas. La verdad es que ni nos dejan beber agua tranquilos, ni regar sobresaltados. Lo que va mal, acabará peor


Esta ilustración procede de una obra de teatro que se llamaba El terremoto de la Martinica, que fue una de las últimas obras de teatro que se representó en Lorca, en el mítico Teatro de la Higuera, por los años de 1840. Tuvo gran éxito.


Esta señora de bata larga es extranjera para nosotros porque, por la ventana abierta y los visillos recogidos, entra un mundo, aire, sol, luz y felicidad. Y se ve. Por ejemplo, ese tejado no es meridional. Ya iremos descubriendo más datos. La señora ha debido hacer sus deberes, o sea, fregar el ingente número de platos que se untaban en una familia de las de entonces, fregar su suelo y limpiar el polvo, pero todo eso a la hora en la que ella veía hacer lo mismo a su madre. No puede ser, ni antes, ni después, pase lo que pase. La madres se prolongan en sus hijas y así les va. Pero la señora parece saber leer, cosa rara entonces, y deberá estar leyendo alguna vida de santos o alguna novela rosa, así cumplía con Dios, la patria y el rey. La sombra que proyecta es muy alargada. Como la de todas las madres. El cuadro es del pintor alemán Hans Thoma (1839-1924) y se titula La madre (1871). Le debía gustar la cosa de los libros, pues también pintó a Marianne Maier, leyendo (1866). Por lo menos, se ocupaban en algo útil y eran un ejemplo para el resto de la sociedad. Asi es que, ya sabéis, si queréis ser ejemplares, a leer.


Esto que aquí ves es un pájaro. No sé cómo se ha colado aquí. Habrá sido al subir la foto que la habré seleccionado sin darme cuenta, que eso me está pasando ya habitualmente. Pero, es tan bonito, que lo dejo aquí para deleite de la vista.



No debe olvidarse  que hemos sufrido un sismo y sus consecuencias nos van a condicionar muchos años. Recordar que todos somos Lorca y que hay que levantar esto. Si nos lo repetimos muchas veces, hasta nosotros nos lo creeremos. 

martes, 19 de julio de 2011

HACE BOCHORNO COMO PARA QUE ARDA LA CALLE


1.
No hay por qué olvidar que Lorca ha recibido un golpe duro y bajo. No hay por qué olvidar que las cosas no están saliendo como tenían que haber salido. Pero la cosa ha sido muy dura. Y las consecuencias las vamos a seguir viendo los próximos meses. En dos meses que ya han pasado podían haber tomado ya la decisión de tirar los pisos que hayas de ir al suelo. Pero llegan, te ponen el amarillo, no pueden permanecer en la casa, si te vas te roban lo que dejes y así estamos. Sucedido eso tal y como lo digo, nadie sabe qué hacer ni a dónde ir. ¿Por qué no se agiliza esta situación? Todos somos Lorca y va ver si no se olvida lo que hay.


2
Nadie tiene piedad de nadie. Pero es que tampoco puede, y menos la Naturaleza porque sólo cumple su ciclo. Pero hace excesivo calor en Lorca para tener que estar allí haciendo gestiones, arreglando las casas, haciendo paquetes para que cuando vayan mañana o pasado a derribar el edificio familiar (de ellos) no se lleven todas las insensateces que había dentro. El mal se agrava si esto ha venido a pasar cuando uno es ya de edad avanzada. Me veo mayor pero no estoy cercano para el final. Veo lo que hay pero no puedo ponerme a quitar el escombro. De los de atrás, pienso que las cosas las están haciendo más con el corazón, que con la cabeza, pero no hacen caso si les explicas que hay que rectificar. Están tan resignados como los bueyes o las bueyas (¿habéis visto que bien queda, ministras?) y sólo aciertan a decirte que primero se quitan este problema y después verán el que viene. Los de "alante" ni hacen por entenderte: han dado por sentado que ellos son lo que son y que nosotros estamos anquilosados y sólo van a disfrutar con lo que le dejen. Me gustaría quedarme sordo y así no escuchar tonterías. Ciego no, porque entonces no podría ver la Cala ni la Cola. Y menos la calle que está aquí, tan cerca de mí.



3
He concluido mis trabajos sobre Eliodoro Puche. Han sido mi terapia para olvidarme del sismo, o sea, ya soy incapaz de meter libros en cajas, hasta ahí llega no mi debilidad, sino mi tanto por ciento de minusvalía. Así que he de volver a lo único que sé medio hacer. Seguramente, retomaré a Alfonsa de la Torre o me dedicaré a ver cine antiguo. Hoy he rescatado dos sonetos de "mujer" para LA COLA DE LA CALA. Bien está lo que bien se hace.




4
Esta flor vivirá pocos días, aunque su recuerdo podrá ser eterno. Pero cuando el poeta, que está hablando con Platero, el burrito pequeño, peludo y suave, se da cuenta de que será su vivir como un día de primavera, pide a la diosa de la flores mojadas por la lluvias, quizá también a las puestas a la cercanía de una luz que entra por una ventana sin abrir, pide, digo, que ella sea el ejemplo sencillo y sin término de su vida. Son cosas de los poetas.
Los poetas son cosas absolutas. Lee esto: "Yo recordaba nebulosamente aquel antiguo jardín donde los mitos seculares dibujaban los cuatro escudos del fundador en torno de una fuente abandonada". Valle Inclán ha tomado la pluma decadente y dibuja jardines: "Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosa al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar". Con las que sobraron, compuso este ramillete que dejó en la ventana del salón de estar, encima del mármol que hace de repisa.


5
Esta ilustración, hallada por ahí,  por los entresijos del Internet, me parece muy bella para cerrar por hoy la calle tranquila. Es posiblemente la que menos coches tiene aparcados en sus orilla.

miércoles, 13 de julio de 2011

A RESULTAS DEL SEÍSMO

Castillo de Lorca

1. 
Se hizo en esta tu casa un pacto no escrito pero sí hablado: jamás tomaríamos un disgusto por cuanto ha sucedido después del terremoto. El bloque familiar de Juan XXIII va a ir directo al suelo cuando lo determinen los técnicos. Ya he enterrado los restos de mis recuerdos más cercanos con los desperfectos que el sismo produjo en la última casa de mi morada antes de venirme a Calabardina: ocupan ahora mismo tres o cuatro bolsas enormes que están en medio de otras tantas habitaciones. Sé que es mucho más, pero eso lo dejo para cuando llegue septiembre, o dicho de otra manera, para cuando pase este calor africano que supera los límites permitidos para los mayores como yo.

Esta calle baja desde Selgas a la antigua Plaza de Abastos
2.
Al final de esta calle y a su izquierda, si mal no recuerdo, estaba la taberna de La Copón. Era la época del vino como terapia, pues hasta nos hacían en las casas torrijas con vino para que nos pusiésemos fuertes. En una época mala de salud, yo creo que era el hambre, que pasé cuando era un devoto estudiante en Murcia, para reponerme, mi madre me mandaba alguna que otra semana huevos con vino viejo. Viene esto a cuento porque cada uno debe hablar de su pueblo como si fuera la panacea. Y eso es lo que ansío, que no se olvide este dolorido pueblo. Porque, ahora, a los dos meses del desaguisado, hay que presenciar el derrumbe del edificio familiar, donde han crecido los hijos, donde tengo tantos y tantos recuerdos, vivencias, cosas mías que no voy a recoger porque ya están muertas. Pero Lorca debe seguir viva, sintiéndose viva. Porque en Lorca han sucedido muchas cosas que han formado y conformado su historia.




3.
En Lorca nació un hombre llamado Demetrio López Vargas, que se firmaba Demetrio, Asirio, Deloyvar y de algún otra manera, que dibujaba estas atractivas mujeres en revistas que no llegaban ni a eróticas. Entonces las llamaban sicalípticas. De este hombre he hablado en alguna que otra ocasión en este blog. Espero que en nuevas fechas le nazcan a Lorca hijos que sean gente destacaba en su trabajo y dedicación. Porque Lorca, que ha escapado de Saturno, ha de resurgir de sus cenizas como si fuera el Ave Fénix.



4.
Pero, en verdad, lo que yo quería decir esta tarde es que estuvo mi santa esposa con uno de sus hijos (y míos) para ver qué se llevaba cada uno de recuerdo principal. Así que, a su vuelta, me dice, mira lo que te traigo, y cojo un libro mediano, forrado con papel de embalar, titulado TABLAS DE LOGARITMOS Y TROGONOMÉTRICAS de la editorial Bruño, del año 1957, justo el año en que lo compré, 25 pesetas. Lleva mi firma por dos veces, y la dirección de entonces, de la casa de mi madre que también ahora queda tocada por la mano del sismo. Jamás me han gustado las matemáticas, no las "veía", me hacían llorar los profesores en la pizarra y así las aborrecí. Pero, como era muy cumplidor, me las estudié hasta este extremo, así como la Física y la Química, pero, cuando no me hicieron falta, las olvidé. Jamás he vuelto a coger un libro de estas materias. Pero la vida la cambia un terremoto. He dicho que el libro está forrado, pero, como no había fixo ni otras exquisiteces, sólo Pegamento IMEDIO, y manchaba mucho, se hacían unos dobleces que quedaban muy bien. En el 1961 hice mis oposiciones y jamás he vuelto a tocar este libro: hasta hace un par de días.

lunes, 11 de julio de 2011

BUENAS NOTICIAS PARA LA CALLE DE LA CALA

1.

Cuando todo está que se cae, como La casa de Tócame, Roque (LA CASA DE TÓCAME, ROQUE. Se denomina Casa de Tócame Roque a aquella en que reina la confusión y hay con frecuencia alborotos y riñas. La Casa de Tócame Roque estaba en la calle del Barquillo, de Madrid, y fue demolida en 1850. Era una casa de vecindad fea e insalubre, famosa por haberla inmortalizado don Ramón de la Cruz en La Petra y la Juana o el buen casero -conocido generalmente con el nombre de La Casa de Tócame Roque- por los mil zipizapes que en ella se armaron; el último, contra corchetes y ministriles, para oponerse al desalojo del inmueble, dispuesto ya el derribo del mismo. En esta y en otras casas de vecindad antiguas se inspiró Mesonero Romanos para escribir su artículo «Día de toros. Casa de vecindad», incluido en su obra Escenas Matritenses. Vid., www.funjdiaz.net/folklore/07/ficha.cfin?id=600), yo quería decir a punto de demolición, llega una noticia extraordinaria, una noticia de las que te hacen creer en la bonhomía de Dios. Una amiga mía a la que he nombrado repetidas veces en esta calle de la cala o la cala de la calle, ha recibido, avisada el mismo día de sismo, un doble transplante de algo que necesitaba. Dios la bendiga y que todo vaya bien, muy bien. Aquí sigue teniendo su calle, su casa y su cala. Tengo que contestarle al mensaje que me envió. Andaba yo ya preocupado porque hacía casi un par de meses que no sabía nada de ella. Alabado sea Dios. Pase lo que pase. Como si vuelven a demoler la Casa de Tócame Roque.


En esta esquina estaba La casa de tócame, Roque.

2.


Tengo ya más de setenta años, he estado estudiando, leyendo y escribiendo toda mi vida. Sigo haciéndolo, aún con mis síntomas de mayor. Todos los días tapo algún hueco, aprendo algo, leo algo nuevo, y cada vez me asombro más. ¡Qué listo fue quien lo dijo! Sólo puedo atestiguar que NIHIL SCIO NISI NESCIO. Sólo sé que no sé nada. Pero, lo que más me jode, es que no tengo tiempo para ponerme al día. De todos modos, sigo escuchando ruidos, hasta yo los produzco, y continúo asomándome por el balcón a la Calle Tranquila.


3.



Hoy hace dos meses que Lorca fue vilmente atacada por un terremoto. ¿Cuántos años han de pasar para que mi pueblo, mi calle, mi casa, se recompongan? Se hizo en casa un pacto que venía a decir que no íbamos a tomar un disgusto por lo que había sucedido. Pero, ya hemos visto cómo veinte años de una casa, con el cariño con que se pronuncia esa palabra, parece que te abriga una bufanda por el cuello cuando la dices, han ido a hacer leches. Hemos recogido cuatro sacos de cosas rotas y lo que queda. Pero, dentro de nada. tiran abajo la casa familiar, en la que viví lo menos veinte años, de la que me fui, a la que no he vuelto, pero donde queda aún parte de mi alma (tanta parte como cosas mías quedan, o sea, libros y otras historias personales). Quiero estar presente. Es ver cómo desaparece algo de uno.


viernes, 8 de julio de 2011

MI CORAZÓN, MI TESORO Y MI ESTUDIO DE ELIODORO



Pues, apenas pasados unos segundos, ayer, tras colocar la entrada en el blog, me puso mi Amigo Fernando Cuadrado otro en el que me avisaba: el primero por la izquierda es don Idelfonso, que era el jefe de estudios y el terror de los pasillos del Instituto Ibañez Martín. Tenía una hija que me parecía guapa, entonces... Poco a poco, hilaba la vieja el copo. Quedan, pues, el tio majo y alto de la corbata y la chaqueta abierta y el último de la derecha. Han pasado nada más y nada menos que 48 años de esta foto. El más joven de los que queden con vida, tiene ya más de ochenta años.



Esta mañana he estado en Lorca a primera hora. He estado para darle un abrazo a Santos. Murió su padre hace algo más de veinte días y hoy han enterrado a su madre. Con el seísmo, ha perdido su casa. De aquí en adelante, todos los males que pase serán menores. Eso, es al menos, lo que le deseo..




Las tertulias antiguas tenían la virtud de juntar a una serie de hombres que se pasaban las horas muertas sin dar un palo al gua. Se hablaba de lo divino y de lo humano y, sobre todo, de mujeres. Hoy no he llegado a estar de tertulia con Fernando, porque mi interior me impelía a buscar el lugar en el que había dejado mi corazón y mi tesoro. Así que he regresado con urgencia para encontrármelos en el mismo lugar en el que los dejé (tesoro y corazón y el estudio de Eliodoro), cosa que puede ser un ripio o algo así:
tesoro,
corazón
y el estudio
de Eliodoro.
Menos el primer verso, los demás tienen cuatro, "pa que veas". Y mi tesoro y mi corazón y mi estudio de Eliodoro estaban en el balcón que da a la calle tranquila. Pues en ella sigo.




 Estas aleluyas se publicaron por los años 20 (del pasado siglo) en La tarde de Lorca.


jueves, 7 de julio de 2011

MI VECINA HABLA SIEMPRE CON LA VOZ MUY ALTA PARA QUE TODO EL MUNDO SE ENTERE DE QUE ESTÁ EN SU CASA Y SU CASA ES SUYA, DIGO

1.

Iba a empezar por otro sitio, quiero decir personaje, y he visto encima de mi mesa a Zulema Moret. La conocí como escritora de literatura infantil allá por los años ochenta, o sea, hace, al menos, treinta. Me gustaba su forma de hacerlo y su manera de hacer animación a la lectura. Ahora me la encuentro como escritora de poesía escrita por mujeres o feminista, que no distingo muy bien. Pero publica en Torremozas. Ahora he tratado de leer Cazadora de sueños. No he podido. Razones: las obvias en quien intente leerlo. Su disposición es de otra época y el contenido es como el nescafé descafeinado:, aunque este libro sea de 2003.


Soy la mujer sin atributos
la que se niega
la que rechaza
a priori
la guardiana de
la oscuridad sonora
en luminosa rebeldía
la fragmentada
en la era de los fractales
la sencilla miradora
del cielo y sus devaneos
nocturna y decadente
a mitad camino
entre Circe y Penélope
entre Casandra y Helena
destejo del telar del día
los que mis sueños
tejen por la noche.

Pues, en recuerdo de aquella antigua amistad, que te vaya bonito.


2



He casi acabado como mi último trabajo sobre Eliodoro Puche. Queda ese retoque que se hace una mujer en el espejo que ponen antes de salir de casa (¿en el recibidor?) para verse por última vez y entender que va hecha un pimpollo y que todo va a ser la repera, que tendrá éxito y será la más mirada de la reunión, de la misa o de lo que sea. A mí me quedan muchas horas de retoque cerca del ordenador, poniendo y quitando, quitando y quitando, añadiendo aspectos que pasé por alto, quitando los que ahora no tienen sentido. Sin duda alguna, lo colgaré en esta calle tranquila cuando no sea verano y ya está. Porque, ahora, el molesto ruido vecino o vecinal, es la hostia. La señora que está pegada a mí, es un decir, la señora que es contigua a mi casa, arrastra la cama con toda su energía. Será para que me entere de que está limpiando. O de que tiene un par. La de abajo, esa que habla siempre con la voz muy alta, también está arrastrando muebles, pero, para escupir de cuando en cuando, sale al balcón y hace algún que otro comentario, eso sí, en voz muy alta, para que se entere ese que devanea por la calle tranquila. ¡Cómo me gustaría, un día cualquiera, ser limpiadora de mi casa en lugar de escribir sobre Eliodoro Puche!

Este busto en mármol de Eliodoro Puche se debe a José Planes.


3
Las fotos
Las cabras fueron testigas del homenaje a Eliodoro Puche en el cañico de la cárcel con motivo del homenaje a los pocos años de su muerte. Tengo en mi archivo muchas fotos de este acontecimiento, pero me faltaba esta, que hoy he capturado por ahí, por Internet, sin salir de casa. por lo que no puedo rezar aquella oración infantil que me enseñó mi tía Ventura, mientas me signaba y persignaba una y otra vez (había oraciones para todo y me las enseñó todas):
Al salir de casa
ármame
con la señal
de la cruz,
padrenuestro
amén Jesús.



Esta foto es del año 1963. Vino el poeta Alcántara seguramente a recoger el premio de los Juegos Florales y estuvo en el Círculo Cultural Narciso Yepes. No reconozco al primer personaje por la izquierda; el segundo es Francisco Fernández Salvador, médico, uno de los fundadores del Círculo; del tercer personaje recuerdo la cara, pero no su nombre; después, vienen Manuel Alcántara (maestro, todavía se te sigue con el artículo que escribes en La Verdad), Eliodoro Puche y Francisco Ros, el presidente del Círculo y profesor de matemáticas en el Instituto Ibáñez Martín; del último personaje no recuerdo nada, pero preguntaré. Esta foto está recogida de la red, pero pertenece a la Fundación Manuel Alcántara. Esta foto me era desconocida. La pongo aquí porque van a disfrutar algunos pro-Eliodoro de Lorca (no la han visto nunca) y porque no tengo ánimo de lucro. Así que el (c) para la Fundación. Y gracias.

martes, 5 de julio de 2011

HOY NO ES UN DÍA AFORTUNADO

1.

                                          Torre de Cope. Foto: José Luis Molina

Son bastantes días ya sin escribir nada para este foro. Y no es porque me olvide de él, sino porque me lío y me lío con la investigación actual, Eliodoro Puche, que se me va el alma al cielo y no tengo tiempo para empezar porque me falta para Eliodoro y quiero acabar pronto para empezar con mi amiga Alfonsa de la Torre. Después de tantos días, hablar la realidad de la playa de Calabardina, hasta a mí me parece indecente. Pues, como la playa. Bien es verdad que ayer hubo levante, bien es verdad que las aguas van y vienen turbias de verdad y que la playa, las algas que la cercan, da asco. Dicen que son "las mujeres" las que se oponen a que se lleven las algas mojadas porque, dicen se llevan también la arena de la playa. Por eso, se amontonan justo al lado del bar. Ya le han quitado la bandera azul. Ahora, veremos. Es imposible que la playa se regenere con tal cantidad de gente que acude a esta playa tan pequeña y se echa tanto potingue para evitar las quemaduras solares y dar dinero a ganar a las multinacionales de turno. Hoy me he metido, me he embadurnado, me he salido, me he ido a mi casa y no ha sucedido nada. Toda la mierda que he traído pegada se ha ido, espero, por el sumidero de la ducha.

2.
 El perro de Andrés en las Pedanías Altas. Foto: José Luis Molina

Hay en Calabardina un personaje peculiar. Antes, iba recogiendo los perros y gatos, se los llevaba a su casa, los curaba o los llevaba al veterinario si hacía falta, les daba de comer y su casa y alrededores eran un infierno. Protestaron las gentes y entonces cambió de técnica y de táctica: coge la bicicleta, echa en ella el pienso para los gatos y perros, va por los lugares llenos de floresta o los bajos o jardines de las casa inhabitadas durante el invierno y le pone sus platitos de pienso y su agua para que beban. ¡Qué idílico! ¡Qué tierno! Pero, la verdad que lo único que consigue es que esos gatos procreen felizmente y la calle se llene de perritos y gatitos más monos que la leche. Monos no, gatos y perros, sobre todo gatos. Los veo desde mi atalaya desde la que domino la calle tranquila. ¿Y cómo le explicas a un cabezota que es mejor dejarlos quietos y solos y que la naturaleza o que Dios provea? Pero también cabe preguntar por qué la gente abandona sus mascotas. Ahora son mascotas, antes animales de compañía, y antes perros y gatos que vivían felices y se iban de ronda entrando y saliendo por su gatera. Cada casa tenía su gato para ayudar a pasar hambre: sólo se comían las sobras y además comían de lo que tocaba ese día. Ahora están amariconados con perdón y comen pan Bimbo y unas cosas de nombre americano que venden en los supermercados.

3.


                                       Esas espaldas no son mías. En las Pedanías Altas. Foto: José Luis Molina

Si esto fuera un diario, ya no sabría qué escribir el día 3. He de anotar desde ya las cosas sobre las que pienso escribir para que no se me olviden y ponga sólo tonterías. Como ahora. Pero eso también iene su pobre encanto. El sol calcina esta parte de la vida. Me pregunto qué será el sol al otro lado del SAHEL. ¿Cómo vivirán los tuaregs? ¿Cómo lo hará el pueblo saharaui? O nos hemos vuelto, al menos yo, más cómodos, o la verdad es que ha aumentado la temperatura. Antes, hace 50 años, parecía, desde la perspectiva actual, que hacía menos sol o que era de otra manera. Quizá se deba todo a que no había dinero para protectores solares o no había dinero ni para que los pobres fuesen ricos en pobreza. Pero un baño era una bendición. Por eso, ahora, desde el balcón que da a la calle tranquila, todo parece distinto: disfruto más en la casa, apenas puedo mirar a la luz porque los ojos me lloran, estoy más viejo, estoy más lúcido. Hoy, parte de la familia se va a Alemania y durante diez días estaremos pendientes de ellos, como ahora con los otros que están en Italia. Acaso sucede que ya no soportan unas vacaciones en Calabardina y por eso buscan países comunitarios. O porque son snob. Lo que deben hacer es descansar y preparase para el otoño, pero esa manera de pensar indica cierta vejez, no haber vivido esta época. Sin duda, cuando sean mayores tendrán más soltura que yo en un aeropuerto. Pero es que yo sólo estoy suelto en las Pedanías Altas, de las que debo hacer nuevas fotos. Acabo de ver las plantas que hay en el vergel en que se ha convertido el balcón que da a la calle ruidosa, donde se han colocado las macetas que se cayeron al suelo en el sismo de Lorca. Habrá que traerse alguna más. Ya les sacaré fotos. Y, si estoy tan mal inspirado como hoy, mañana ni aparezco.

                                                    Calle principal y única de las Pedanías Altas. Foto José Luis Molina