viernes, 14 de diciembre de 2012

PEDRO GARFIAS Y "ALMA". PRIMAVERA EN EATON HASTINGS



Pedro Garfias
Es imposible que Pedro Garfias (Salamanca 1901-Monterrey, 1967) estuviese en Madrid en 1948 porque, desde el 12 ó 13 de febrero de 1939, estaba fuera de España exiliado por republicano. Tras pasar por el campo de concentración francés de Saint Cyprien, el Comité Inglés de Ayuda a la España Leal, posibilita su llegada a Inglaterra. De Londres pasa a México y fallece en Monterrey en 1967. Si no se rescata ALMA, siempre desconoceremos el o los poema/as que le publican, ni si lo envía desde México y es uno de los ya publicados en España antes de su marcha, posiblemente de El ala del sur (1926). La censura no dejaría que fuese de Héroes del sur (1938). Pedro Garfias, entre 1917 y 1919 fue ultraísta, del mismo modo que el poeta lorquino Eliodoro Puche. Entre 1919 y 1921, Garfias edita TABLEROS, donde publica algún poema Eliodoro. En 1934, Garfias publica en El Heraldo de Madrid, una serie de artículo en los que rememora su etapa ultraísta. Un investigador sabe unir esos extremos y por eso hace falta ALMA. Garfias es un escritor malogrado para España, cosa que aquí importa poco, pues es la costumbre 'normalizada', como sucede ahora mismo con los jóvenes estudiantes preparados que se marchan al exilio porque fuera les dan lo que su patria les niega. Si venga a decir algo de Garfias se debe a que me he hecho de su libro PRIMAVERA EN EATON HASTINGS. POEMA BUCÓLICO CON INTERMEDIO DE LLANTO (1939). Es un libro tan humano que lo menos que puede suceder es emocionarse con su lectura. Sigue siendo actual. El exilio es una forma de vida, aunque sea un exilio decidido personalmente porque siempre hay algo que está de una manera fraudulentamente pudiendo estar bien de una manera legal. Pero, dejemos esas quejas, exilio piden regiones de España, ante el silencio de una inmensa mayoría que deja hacer porque no saben qué hacer.

Porque te siento lejos y tu ausencia
habita mis desiertas soledades
qué profunda esta tarde derramada
sobre los verdes campos inmortales.
Ya el Invierno dejó su piel antigua               5
en las ramas recientes de los árboles
y avanza a saltos cortos por el prado
la Primavera de delgado talle.
Por el silencio de pendiente lenta
rueda la brisa en tácito oleaje                      10
y apunta la violeta y la encina grave
En las aguas inmóviles del lago
anclan nubes y luces vesperales
y tiende el bosque sus flexibles redes          15
al vuelo prodigioso de tu imagen.
El sol azul con cuidadosa mano,
rayos y brumas teje, en noble arte
hasta dejar de tu color, amada,
la piel inmaculada de la tarde.                     20
Te miro recostada sobre el césped
agua verde y verdor claro tu carne
tu rumoroso pelo embravecido
y el bosque de tu risa palpitante.
Alrededor de tus tobillos breves                   25
ciñe la luz minúsculos collares
y abrazan a tus brazos poderosos
los tallos y la ramas verdeantes.
Pulsan las finas cuerdas del silencio
tus voces y los pájaros locuaces;                  30
el cielo en plenitud abre sus venas
de calurosa y aceleradas sangre
¡y alza mi corazón su pesadumbre
como un nido de sombras un gigante!


José Luis Molina Martínez
Calabardina, 14 noviembre 2012

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