viernes, 13 de enero de 2012

JACINTO HERRERO ESTEBAN (1931-2011), POETA ET AMICUS, REQUIESCAT IN PACE


Desde mediados de diciembre del pasado año he estado intentando llamar a Jacinto Herrero Esteban -¿porqué no encontré tu número de teléfono?- mientras esperaba la felicitación que nunca llegó. El día 19 de diciembre abandonaste este mundo sin yo saberlo. La vez anterior en que estuviste tan grave, al menos dos años de hospital, cuando pude localizarte, me acerqué a Ávila y permanecí en la ciudad tres días para tener la oportunidad de hablar contigo, impregnarme de ti, poeta, que ya conocía tu bonhonomía. De ahí surgió mi participación en el homenaje que organizó Carlos Aganzo, director que era de Diario de Ávila, y la confección de su posterior antología, GRITO DE ALVARAVÁN. Hoy he encontrado la libreta en la que guardaba su número. He llamado unas cuantas veces. Hasta que he pensado en lo peor. Google me ha sacado de dudas. No he tenido tiempo ni de reaccionar. La noche de Calabardina cae mansa, con la lentitud de los bueyes. Langa no tiene mar, pero el memorial de la muerte se aparta por el lugar en el que los pinos y abetos señalan el camino hacia el descanso eterno, hasta que venga el día en el que sepa que Langa es Calabardina y que el tren se acerca a la Ávila de siempre, para saludar al poeta que últimamente ha andado más enfermo de lo que uno quisiera.


Calabardina, 13 de enero 2012
José Luis Molina

jueves, 12 de enero de 2012

EL TONTO EL HABA



En Calabardina sobran los gatos y hace falta limpieza. Para evitar la proliferación de gatos, hay que darle un pescozón cívico al tonto el haba que va por las mañana en una bicicleta pequeñusa, con un contenedor en el que lleva el pienso y una botella de agua escondida bajo el chaquetón; se resguarda del frío de la mañana con una gorra que lleva unas orejeras. Por lo de la bicicleta, parece salido de la película E. T. y por la gorra se asemeja al tonto de Solo en Casa. Pero este alemán tontuesco practica un amor a los animales -ya podía haberle llevado condones- que ha llenado, desde hace años, las calles de gatos, cientos de gatos, porque han crecido sin control de natalidad, por la voluntad imbécil de un hombre que es incapaz de hacer caso a nada. Porque ya ha sido denunciado a la autoridad y no se ha reformado. Pero ha tropezado conmigo. Yo lo voy a denunciar de nuevo. Porque la cosa es ya piritosa. Ahora ha aparecido una señora con un coche que abre por atrás y del maletero salen muchos y muchos gatos que se desparraman por la calle mientras ella pone de comer a los gatos que no comen por la crisis y la falta de trabajo y se meten de nuevo en el calor del coche cuando la mujer continúa su caritativa ocupación. Yo creo que todo se debe que está imitando la caridad animal -gatuna- del tonto el haba. Sin duda ella busca también ingresar en ese club privado de los tontos el haba de Calabardina. Nadie lleva, sin embargo, el control de esos desocupados que se atreven a maullarte cuando pasas por la calle y salen de sus refugios, y ya anoche soñé con ellos. El cabrón que me estaba arañando estaba subido al alféizar de la ventana. Como pueda lo cogeré como prueba de la invasión gatuna.  Así empezaron los emigrantes y ya no puedes hacer nada. Cuando había, se repartía. Ahora esperan la limosna. Y sufren en exceso. Como los gatos de Calabardina, que van de puerta en puerta por si hay algo que comer, pero ocultando su camada, que no tiene fuerzas para seguirla en sus correrías. Y la luna de febrero que está por venir.

Calabardina está asquerosamente sucia. No pertenezco a la cosa esa que se llama Junta de Vecinos porque cada uno de sus titulares piden cosas espléndidas para la pedanía, pero sólo han hecho un campo de futbito. Yo sólo me conformo con que un barrendero empiece su jornada diaria por una calle y continúe así diariamente hasta que acabe de barrer el pueblo y llegue a donde empezó. Y siga. Si uno ocupa más o menos playa o si se retranquea más o menos pues que la gente esté alerta. Lo mío no es eso. Yo sólo busco que los que pasean por la calle tranquila no se llenen de polvo, no pisen la mierda de los perros franceses de los emigrante aquileños a Francia, no se los coman la abundancia de basura, gatos y asquerosidad de que disfrutan las calles de Calabardina. Y de que el tonto el haba alemán se deje de chorradas y, si anda mal de la chola, que se la arreglen.

Sobre la playa arenosa de la Cala, tuvo lugar un importante acto cultural que dio comienzo una hora antes de que sol se pusiera. Felizmente coincidió su comienzo con las primeras gotas de la escasa lluvia que, sin embargo, obligó a sacar los paraguas, quitarles las bolas de alcanfor y abrirlos con rapidez. Cuando los premiados actuaron para el público, la lluvia seguía y tuvieron que salir dos criados también con feos paraguas negros para tratar de evitar el que los señores se calasen hasta los tuétanos. Sobre todo ella, que, aunque elegante, iba ligerita de ropa. De todos modos, el sol no se ocultó durante la lluvia, por lo que el baile lució. Sin embargo, acabado este, algún hombre sin escrúpulo robó el arco iris y la esperanza de reconciliación se ocultó en el horizonte. Todo el mundo sabe que estas cosas son así, son fugaces, son estéticas, son como son.

Calabardina, 12 de enero 2012
José Luis Molina







lunes, 2 de enero de 2012

UN AÑO ESCASAMENTE POÉTICO


Los años bisiestos parecen, quizá lo sean, al menos para mí, terriblemente terribles. O asquerosamente asquerosos. Tras mi última enfermedad más o menos dura, había recobrado una estabilidad que me protegía. El día 11 de mayo se cayó el cielo protector y me dejaron con las defensas al aire. Todo cuanto había conseguido se fue al garete, mi intimidad se había roto. Pero no la intimidad en Lorca, ciudad en la que todo es imposible y en la que nunca sucede nada, sino la de la Cala, la de mi calle tranquila. El 14 de noviembre, la plena voluntad de los demás consigue hacer un desaire del que sufro las consecuencias. Todo parecía apuntar a un cambio, a unos nuevos parámetros de conducta, de convivencia. Pero todo ha sido una mágica ilusión mientras ha durado. Ahora tienen que pasar al menos ocho meses más para superar la situación actual en la que la principal dañada es mi santa y yo el que ha de abandonar estudio, lectura y escritura para atender a mis obligaciones caseras para las que me encuentro indefenso. De ahí tantos días sin que nadie pasease por esta calle tranquila que escasamente veo desde el balcón que da a la calle. Espero que, poco a poco, las aguas vuelvan a su cauce. Para mí sería suficiente. Pero, creo que ya existe un cariñoso enfrentamiento entre el caos para el que no estoy preparado y la contemplación intelectual en la que me mantengo hasta que el fín acabe o el fin se consuma. Esta es la explicación que debe dar a quien, de cuando en cuando, se acerca a esta calle y levanta sus ojos al balcón cuyas persianas se encuentran casi siempre a media ventana, por el lugar justo en el que me defiendo del sol benéfico de este varanillo que hemos vividos en las días finales del malquisto año de 2011. Seguro que no decía tal cuando gané el premio de Poesía VILLA DE INIESTA, a donde volveré con Eralucana, si quiere y beberemos vino del Señorío de Iniesta, pero no de las cepas del fútbolista del "barza". sino de las de la denominación de origen.




Lo mejor de todos es que Calabardina sigue como siempre. El mismo tonto "el haba" sigue echando de comer a los míseros gatitos que proliferan gracias a este tonto "el haba" de manera descontrolada. Las calles siguen como siempre, sin barrer, vergüenza le debería dar al alcalde que sólo se ocupa de Calabardina para cobrar impuestos. La Asociación de Vecinos está en lo suyo, o sea, cada uno defendiendo lo que le interesa, y yo no me apunto a eso porque iba a ser lo mismo.




Porque la belleza de Calabardina sigue en su lugar descanso y esa no se la quita nadie. Hasta más ver

miércoles, 23 de noviembre de 2011

ELIODORO PUCHE: CARCELERAS



PRESENTACIÓN DE CARCELERAS
            Buenas noches a todos. Bienaventurada la idea que nos ha convocado en este lugar cuyo pasado fue glorioso y su futuro parece incierto, pero no voy a saber porque este es uno de los últimos actos culturales en los que intervenga y a los que acuda.
            Amiga Chon Pérez-Castejón Abad, Presidenta de la Asociación Amigos de la Cultura, a la que alguna vez se le habrá de reconocer oficialmente cuanto hace por la ciudad culturalmente, a ella y a la asociación. Queda, si se sigue la tradición, ordenar las Actas de las Terceras Jornadas de Información y Estudio sobre el Poeta Eliodoro Puche y, si se llega a un acuerdo, enseñar a nuestros paisanos y amigos un nuevo proyecto ya acabado que nos hará conocer un gran número de poemas, cuarenta y dos exactamente, escritos por Eliodoro entre los años 1919 y 1930 que nadie ha leído desde aquellas fechas. Como a todo le llega su fin, a mis públicas actuaciones les ha llegado su hora. Siempre nos quedará Eliodoro. Y que la muerte me encuentre en Calabardina. Gracias, amiga, por tu invitación.
            Estimados socios de esta institución cultural que, ahí es nada, es la entidad editora de más libros sobre Eliodoro Puche, sin duda, un poeta local que se ha convertido en bandera ideológica por lo que representa o años hace han hecho que represente, porque nadie queda obligado a seguir un modelo. En ello, esta Asociación nada tiene que ver. Porque, cuando conmemora el recuerdo de su vida y obra, que sin ella quizá se hubiera perdido ya, lo hace desde una línea de noble imparcialidad que la honra, al menos desde mi punto de vista. En estos momentos, Amigos de la Cultura aparece como abanderada de este recuerdo.
            Amigos todos los que asistís a este acto. No estaba dentro de mi agenda el presentar este libro no porque no quisiera estar con vosotros, Dios me libre, sino porque me persigue la sensación de que ya estoy más visto que el tebeo y más oído que la Pantoja, y deseaba otra voz para esta presentación. Pero esa voz no ha querido ser escuchada, decisión muy respetada y respetable, y por eso estoy de nuevo entre vosotros, reflexionando en voz alta para dar cuenta de lo que encierra el libro CARCELERAS de nuestro primer poeta Eliodoro Puche. Gracias a todos por vuestra asistencia, aunque lamento, por circunstancias familiares, no poder brindar con vosotros a la memoria de Eliodoro, pero cualquiera lo puede hacer por mí.
            Estamos, y sólo hay que extender los ojos por este predio, en nuestro particular año del dolor. Esto es lo primero que me vino a la mente cuando me puse al hilvanar estas leves líneas en una de las madrugadas pasadas, ciertamente la del domingo, en Murcia. Me dije, además, que ese no era el camino para iniciar la presentación de un libro de un poeta difunto, aunque, al poco, me di cuenta de que había que dejar el pensamiento divagar por donde se había iniciado, porque había algo de razón si la mente se iba por ese camino como la cabra tira al monte. Si hubiese sido un libro mío, hubiese decidido lo mismo.
            Estamos aún sufriendo las consecuencias del dolor producido por el terremoto que ha asolado nuestra ciudad de cada día, que merecía, a mis cortas luces, mucha mejor suerte. De la asolación a la desolación. Estamos desolados por nuestra impotencia frente a los desastres naturales. Cuando era un crío y Eliodoro Puche tenía la libertad recién recobrada, una gran riada llenó de lodo ciudad y campo. Pero la edad no me permitió comprender nada de cuanto había pasado. Entendí que tenía que ser grave por el tono en el que la gente hablaba y la seriedad que estaba grabada en los rostros. Después vino la riada del 73, hace ya treinta y ocho años, en la que, ya adulto, jugué a ser un pequeño héroe tratando de ayudar con otros amigos en donde nos dejaron y mientras bajaron las agua, pues a la noche ya pudimos entrar en los lugares a los que queríamos acceder para saber qué necesitaban amigos y familiares. La misma cercanía de la riada y el que sus efectos se solaparon en seguida apenas permitieron que aquellas sensaciones, plasmadas en mi primer libro de poemas publicado, al que titulé DESOLADA SONRISA, duraran mucho, sino el tiempo exacto y seguido que Dios quiso. Hoy uno parece más dolorido porque ve con más clarividencia esta situación y la de quienes la sufren y no sabe que en qué va a ayudar si sólo se poseen las fuerzas necesarias para pasar cada día y aceptar los contratiempos que la vida pone como obstáculo. Porque, ¿quién no ha salido perjudicado de este suceso? Si esto fuese el juego de los barcos, yo diría que Lorca está tocada y hundida, so pena de que todas las fuerzas vivas, pues para eso las elegimos, todas las administraciones, pues para eso las mantenemos, y toda la gente de Lorca, como va a suceder, se aunan, olvidan el dolor y se ponen a trabajar con dureza hasta que el dolor físico, como fuerte y hermoso amor propio, haga abandonar las herramientas de las manos y, poco a poco, se vea, no tanto la laboriosa reconstrucción de la ciudad, como su renovación, ese hacerse nueva por unos hijos nuevos, para ellos mismos y para sus descendientes. Y así podremos salir tranquilos de este mundo.
            Espero que comprendan ustedes que no podía empezar de otro modo este acto organizado en torno a un libro lleno de dolor, porque ahora no se puede iniciar nada en Lorca, sin tener un recuerdo de la desolación, ante la que me pregunto ¿por qué nos tocó a nosotros?, y me respondo que porque somos lo suficientemente fuertes como para soportar sin desfallecer y cambiar esta situación. Pero no sin dolor. Así que el dolor nos ha reunido aquí. Pero, si el dolor físico se nos hace insoportable, ¿qué sucede con el dolor moral, espiritual? Sólo supe contestarme que el dolor nos lleva a la resignación. Pero, para ello hay que aceptar la realidad y comprenderla porque la seguridad que da la aceptación de la realidad nos transmite un sosiego reparador, lleno de una profundidad espiritual que llena el corazón de una fuerza a veces desconocida. La conclusión de esa meditación sosegada produce una fortaleza que adopta la forma exquisita –hoy desprestigiada– de la resignación, destino final para todo hombre o mujer. Y, a partir de ahí, a partir de la comprensión de cuanto de malo nos ha deparado la vida, se origina el proceso de cambio, de ascenso, de dejar el futuro en manos creadoras al tiempo que abandonamos nuestro ser en el Dios por excelencia, el que va a ayudar de manera continua, tal vez no comprensible por los hombres de esta tierra, para que todo sea feliz en el día que le corresponde. Y eso va a suceder para todos, crean en él o no. Estoy seguro de que yo no cumplo con Dios, pero, si me ha acompañado desde mi infancia, no me voy a apartar de él ahora ni le voy a reprochar los sucesos negativos de mi vida, que los tengo como todos, porque sólo él, que para eso es Dios, sabe por qué pasa lo que pasa.
            Sin nombrar a Dios ciertamente y con otras palabras, estos que acaban de escuchar son los criterios que Eliodoro Puche desarrolla y esa es la conclusión que extraerán. Eliodoro Puche sufre con paciencia el dolor que le supone la pérdida de la libertad sólo por motivos ideológicos. Lo alejan de su familia, sufre el destierro en la cárcel, vive el miedo que procede de no conocer su destino porque, en cualquier momento, puede pasarle algo peor, como es perder la vida en cualquier deshonroso lugar. Eso significa dolor. Y todo eso lo sabemos por el mismo poeta que, menos mal, pensaba que la literatura no era un acto inútil y de ahí que estuviese escribiendo hasta el fin de su vida, eso sí, una poesía antiheroica que no responde al retrato de moderno o modernista, representado por el dandy, decadentista o esteta, ni tampoco al de postmoderno en el sentido nietzscheano del término, porque no buscaba la aniquilación de la axiología tradicional. Eliodoro, en su poesía, jamás suprime los deseos y, cuando aparece el tedio, el esplín, es sólo una manera de estar literariamente viviendo el  día a día, una cotidianeidad que abruma de dolor, de trabajo, de esfuerzo. Tampoco pierde Eliodoro la esperanza, jamás abjura de sí, ni cae en ataraxia profunda, ni posee voluntad de disolverse en la nada. No existe en su obra la paradoja del absurdo porque vamos hallando elementos autobiográficos positivos en su escrito. En los textos suyos que conocemos, lo que se evidencia de manera bastante nítida es el desplazamiento del marco del enunciado hacia instancias que se encaminan al espacio extratextual. Porque son muchos los matices que el intelecto imagina mientras su lectura se hace un acto luminoso y lumínico, un hecho sustancial y lírico, una providencia vital y un ejemplo cívico de cómo se puede dominar la emoción ante la gran responsabilidad que es sentirse leído y conmemorado casi a los cincuenta años de la muerte. Pocos hombres significativos posee nuestra ciudad: Eliodoro debería ser uno de ellos. No sé si está en la lápida de los hombres ilustres o si alguien, alguna vez, se ha acordado para agradecer públicamente el ser poeta lorquino. Es nuestra férrea voluntad pedir que figure en el lugar que le corresponde entre los hombres señalados de la Lorca de hoy. Así lo hago y así lo repetiremos hasta cuando haga falta. Esta Asociación debería dar algunpos pasos para que eso se convierta en realidad.
            Por otro lado, cuando leemos poesía, olvidamos con cierta frecuencia que el texto es ficcional aunque se refiera a una entidad interior, de intimidad, que refleja la realidad psíquica o anímica espiritual, lo que lleva a que el lector acepte como verdadero lo que está leyendo. Pero, en este libro de Eliodoro, todo es real bajo una capa poética que oscurece el suceso que se interpreta como expresión del sentimiento del poeta bajo el dolor de la pérdida de su libertad y con los daños consiguientes. Realidad y ficción se han hecho una sola y misma cosa.
            Todo cuanto se refiere a Carceleras se explica en el texto que estoy presentando. Conocí a Eliodoro cuando era un crío e iba a las máquinas Singer, desde mi casa, por la calle del Álamo, hasta la Corredera. Mi madre era amiga de Felisa Conde y alguna vez estaban los dos en la puerta y ellos se saludaban mientras yo miraba el pelo blanco del poeta. Después vinieron los estudios y el trabajo por lo que anduve fuera desde el año cincuenta y dos. Así que ni siquiera estaba en Lorca cuando falleció. Jamás tuve Carceleras en mi mano. Así que no sé cómo era como libro. Las alas en el aire y Marinero de amor si los vi. Así que sólo hemos hecho una ordenación de los poemas que nos parecen Carceleras, introducirlas en el tema general propio de nuestra literatura, poesía castellana de cárcel, y exponer el lugar en el que las he encontrado. Hemos juntado unas treinta y dos o treinta y tres, que no está nada mal. Con su lectura podemos darnos cuenta de su temática.
            Pero lo único que hay que destacar es que, aunque Eliodoro Puche exprese su dolor, ese dolor que nombraba al principio, aunque Eliodoro exprese su miedo racional, aunque haya una gran solidaridad en los poemas, aunque haya un sentimiento contenido, aunque exprese lo indecible, por más que nos diga cómo es el agua pero sin poder verla, cómo el amor hacia su hermana lo lleva a mirar y su mirada no puede atravesar el muro de la cárcel, jamás muestra una palabra de enojo, de malhumor, de desarraigo, de odio hacia los demás, de queja profunda o no ante la divinidad, sino que es honesto con el compañero, se muestra dolorido con el que ha sido fusilado, se muestra horrorizado del lugar al que ha descendido el hombre, se manifiesta como un hombre que ha sido doblegado, castigado, como un ser que se ha sentido indefenso, pero jamás pronuncia palabra vana contra nadie. Es más, aunque se sabe, como expresa, sólo un preso, un casi condenado, espera tal vez que le llegue la salvación, porque, en su creencia, sabía que a todo hombre le llega su hora de alegría y que algún día iban a triunfar los ideales por los que había luchado, por los que había sufrido dolor, por los que había estado en la cárcel, por los que había sido humillado, sin que de su boca saliera una palabra condenatoria para nadie. Y cuando sale de la cárcel terrena expresa con gran intensidad ese resurrexit con el que va a concluir la lectura de las carceleras que, a continuación, va a tener lugar.
            Todo eso es lo que determina que Eliodoro Puche sea un poeta humano, que sea ejemplo de hombre, que sea un modelo a seguir en su comportamiento, que, pasados los años, todavía haya lorquinos que lo recuerdan, que lo homenajean y que siguen viendo, en el viejo, republicano, un ser fiel a sus ideas, un honesto poeta y un hombre que ejemplifica valores que hoy en día, desgraciadamente, no se cultivan.
Viejo poeta Eliodoro,
el de los años cuarenta,
en tu vida sólo cuenta
cárcel y poema, añoro
tu voz, sé de tu sufrimiento,
es tu bondad pública,
tu paciencia bíblica siento,
tu vida, bohemia y llanto,
y en tu lectura encanto
y expresión humana veo.
Gozo sobremanera, amebeo,
por haber contribuido
a que tu obra fuera no ruido,
sino dulce parlamento
humano, música de cuento,
palabra con centelleo.
Sólo he buscado tu palabreo,
tu prestigio como esteta.
Espero que alcances la meta
que me propuse primero:
que te conozcan con esmero,
poeta, y que llegues al lugar
que te mereces ocupar,
poeta Eliodoro Puche, poeta.


Calabardina, 23 de noviembre de 2011
Día de San Clemente, patrón de Lorca.


lunes, 14 de noviembre de 2011

POCOS SON PARA LO MUCHO QUE HAY EN JUEGO



Ayer, viernes 11 de noviembre de 2011, tuvo lugar en Lorca un homenaje a la ciudad y a las víctimas del terremoto del miércoles 11 de mayo de este mismo año. Me eligieron para expresar el sentimiento colectivo. Y esto fue lo que dije.  

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          Hay días en los que, al salir a la calle para emprender la tarea diaria, un negro presagio de que la jornada no va a acabar bien, nos embarga. Es como si una bruma grisácea nos echara el brazo por encima del hombro y, como si fuera una bufanda que intentara darnos calor, ánimo, compañía, nos aprieta tanto que, al final, hay que deshacerse de tan nefando abrigo, mientras un cierto malestar se adueña de nosotros. Así sucedió el 11 de mayo, a pesar de que el día apareció soleado, sonriente y bondadoso.
            Buenas noches, Lorca; buenas noches, amigos míos en la solidaridad y en el afecto. Deseo, si me lo permitís, en primer lugar, saludaros, deciros que siento como vosotros, más no, pero igual, los tristes sucesos del 11 de mayo. Queridos lorquinos como yo, queridos amigos míos de verdad, queridos vosotros que habéis sido lastimados más o menos duramente por el seísmo, porque, ¿quién en Lorca no ha sido dañado de alguna manera por el terremoto?, ¿quién no ha sufrido miedo, dolor, espanto, llanto por su situación y por la de los demás?, ¿quién no ha visto sus recuerdos enterrados para siempre?, ¿quién no es obligado a iniciar una nueva vida? ¿cuántos hemos visto derribar nuestras viviendas actuales o en las que críamos a nuestros hijos? Y ante nuestra inocencia, ante nuestro estupor, ante la impotencia que se siente, surgen las preguntas: ¿Por qué, pueblo mío, pueblo laborioso, pueblo anhelante, pueblo sombrío de tanto ocre llanto, pueblo lacerado en lo más hondo de tu esencia, en lo más extremo de nuestro yo de ufanos habitantes de esta tierra sangonera, te han herido? ¿Qué hacer? ¿A dónde concurrir? ¿Cómo consolar a este pueblo afligido, a esta Jerusalem de Gólgota amargo? Pero, nuestra sabiduría de hombres y mujeres arraigados en esta tierra de secano nos permite conocer que lo sucedido sólo es manifestación de la caducidad de todo lo terreno, como lo expone líricamente el poeta Quevedo:

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.
¡Oh, condición mortal! ¡Oh, dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana
sin la pensión de procurar mi muerte!
Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

            No tengo más remedio que dar las gracias a quienes me han convocado para este acto y me han hecho venir desde mi refugio de Calabardina, porque así tengo la oportunidad de expresar mis sentimientos, que son los de todos, incluida la Mesa Solidaria, ante vosotros, damnificados en ese día ruin, heridos en vuestro corazón, alterados por un ruido de segundos cuyos efectos van a durar toda una vida. No sé si mi compasión, o mi resignación, si mi participación en vuestros sentimientos sirve para algo, pero sí os comunico que lo que os digo es verdad, siento con vosotros, sufro con vosotros, padezco con vosotros, pido con vosotros.
         Quiero significar, por otro lado, que no he pedido favores para venir a esta plaza a conmemorar los seis meses del terremoto, pero tambien os debo decir que me alegro de estar aquí para compartir con vosotros los sentimientos que os embargan. Como también se me convocó para dirigir la palabra a mi pueblo cuando el atentado en Madrid, el 11 de marzo de 2004, maldito día 11, y lo hice, qué menos si soy nacido en esta tierra noble, trabajadora, austera, pero también dolorida, aterrada, necesitada. Si se me llama, si se me convoca, no pregunto, vengo y estoy con mis conciudadanos para compartir con ellos el dolor, el suyo primero. Y así continuaré actuando mientras exista, porque la vida es apenas un breve y veloz vuelo.
      Lorca ha sufrido un daño que puede ser irreparable. Lorca ha sido abandonada por los dioses del barroco y es bueno que se luche para que se pueda recuperar, como lo hará, gracias al trabajo de esta generación que va a llevar sobre sus espaldas el peso de una desgracia natural. Sin embargo, hay quien nunca va a ver, desde la tierra, esa Lorca nueva que pronto será una realidad. Tuvieron peor suerte y perdieron la vida Juana Canales López, Antonia Gallego Sánchez, Domingo García Vera, Raúl Guerrero Molina, Rafael Mateos Rodríguez, María Dolores Montiel Sánchez, Emilia Moreno Moreno, Pedro José Rubio Corbalán y Juan Salinas Navarro, a quienes Dios tendrá en su lugar y con cuyas familias lamento su pérdida.
         Pero en aquel miércoles 11, del que hoy se conmemoran los sies meses, hubo mucha gente que fue compasiva, que fue caritativa, que fue expresamente generosa y puso en peligro su vida para evitar que el caos lastimase más a los lorquinos y las consecuencias fueran mayores. Con temor a no nombrar a alguna concreta por desconocimiento, cosa por la que pido perdón si así fuera, he de agradecer, como lorquino, las ayudas prestadas por Cruz Roja, Cáritas, Scout, Policía Local, Policía Nacional, Guardia Civil, Unidad Militar de Emergencias, Bomberos, Funcionarios municipales, ciudadanos en general, empresas, instituciones, entidades y personas que han hecho llegar sus muestras de afecto y generosidad a través de la mesa solidaria. En el corazón de esta ciudad estará siempre su recuerdo. A nadie más se cita, ni parece necesario, porque, todos los que faltan, están cumpliendo seriamente su obligación y sólo necesitan aliento, acierto y capacidad de trabajo.
       Es tan señaladamente inteligente nuestra ciudad, este pueblo trabajador, sano, tranquilo, cariñoso, caritativo, de buen corazón, que, desde el instante mismo del terrible suceso, puso manos a la reconstrucción de su ciudad y, aunque con numerosos problemas, con dolorido sentir, con las disconformidades propias, es algo que, poco a poco, se va a ir viendo. Lorca debe recuperar muy pronto su aspecto de ciudad moderna, ciudad puntera, ciudad fabril, ciudad de suelo grato, ciudad llave segura del reino, como reza su escudo.
         Hay que apretar los dientes, hay que sortear las dificultades, hay que unir voluntades para que la obra que se necesita, para la gestión obligada, para lo que nadie va a hacer por nosotros si nosotros desfallecemos, sea objeto obligado para la renovación, para la creación de una nueva ciudad que pueda parangonarse con otras y, sobre todo, que solucione sus problemas estructurales, empresariales, culturales, para siempre. Lorca es más que un deseo, Lorca es más que un lugar encumbrado. Lorca es el lugar en el que vivimos y de ahí el amor que le tenemos y que vamos a demostrar en una situación tan desmesurada como es la que se está padeciendo.
          En nuestra estancia lorquina, en delicia se convierte la prédica serena, la tertulia bajo el porche de la Plaza de España, donde la sombra de la torre altiva observa la nobleza del cabildo frontero, la leyenda de Elio y Crota a la esquina adosada, ocre testigo de los devaneos de aquellas damas de despedida efusiva y atrayente, habitante en su sombra acogedora. Mientras, la ciudad adolece malva soledad de campanas, infausta muerte de esquinas pétreas y monumentos seculares, arrojadiza almena, amicales placetas para el vino. Es una calle andariego misterio de los pasos oscuros por la vida, sufragio de amigos, aderezada estancia en balcones de flor celeste. Ausente, menos belleza reside. Amor escasamente compartido, triste hace los días y el mito de la urbe.
            Lo que ha hecho la ciudad en este tiempo, el comportamiento ejemplar de los distintos estamentos ciudadanos, cómo el pueblo ha sabido reaccionar e iniciar una reconstrucción que se nos antoja dura de ejecutar, es algo que será reconocido eternamente y que será un escudo más a colocar en la ciudad como homenaje a todos los que van a dejar su esfuerzo y pusieron lo que tenían que poner para que del daño fuese el menos el que nos afectase.
       No puedo menos de concluir con un fuerte abrazo a las lorquinas y lorquinos que han sufrido y sufren esta situación para la que la Naturaleza nos eligió. Hagamos frente a las consecuencias fatales y que en unos pocos años todo cuanto ahora es ruina sea lugar de bien estar, lugar de encuentro, lugar de recuerdo. Ese es nuestro deseo porque es un deseo racional, prudente y sabio. Hasta entonces, hasta que todo sea una bella realidad, un abrazo. Con vosotros queda mi solidaridad y mi afecto. Y las gracias por acudir a este recuerdo que, iniciado con tristeza, concluye en la esperanza de su solución.

José Luis Molina Martínez
Calabardina, 12 noviembre 2011

domingo, 23 de octubre de 2011

TRAS LA INDIGNACIÓN, LA DUDA


1.
No quiero entrar en el desaguisado de aquí te pillo, aquí te mato, que es a lo que tiendo sin querer, porque son muchas las cosas que me indignan, como la indignación misma. Por eso, hay muchos silencios en este blog y en mi vida misma. No todas las cosas merecen comentario y sobre otras mejor dejar pasar un estúpido velo. Por ejemplo, sobre cómo venden lo de ETA unos y otros. Nadie escucha al que tiene la razón. Los nacionalistas excluyentes piensan que ahora se anexionan Navarra, desde Burdeos hasta los Pirineos, se independizan y a vivir que son cuatro días. Alguien verá lo que pasa. Pero si dura mi balcón, del que ya quieren retirarme y yo resisto,  habrá testimonio de lo que veo o pienso para rato. Digo a quien me quiere retirar del balcón que da a la calle tranquila, como quien dijo hace una eternidad, antes de nacer yo: "No podrás" (No pasarás). Sin necesidad de brigadas internacionales, a las que después hay que hacer homenajes universitarios.






2.
Desde la atalaya que es el balcón que da a la calle tranquila, al menos lo era antes del terremoto, malo pa'l pueblo, bueno para los especuladores y los subasteros, especímenes horrorosas de la vida económica que siempre han existido porque hay quien confunde tener dinero con tener felicidad o con el ansia de poder, porque se hicieron para sí mismos aquello de los duelos con pan son menos, pero duelos al fin y al cabo, observo el paso de la vida, sin apenas tener en cuenta ni a los pocos con los que me relaciono por aquí, escasamente acostumbrados a ejercitar la cabeza -me refiero a pensar-. Tengo ya edad suficiente para saber elegir, ver, comentar, extraer conclusiones e indignarme. Empecé a trabajar, en un mundo en el que no había trabajo, y en unos años estériles, los de la postguerra, años no como los de ahora, porque ha habido abundancia y lo que hay ahora es poca iniciativa. Primero iba dando clases por las casas, después, cuando crecí, puse una academia, después fui funcionario. Nunca he querido ser de más clase social que mi madre ni tener más dinero que ella. Ahora igualmente se puede trabajar hasta con la economía sumergida, o como te dicen los fontaneros, los dentistas (como se decía antiguamente) y todos los que pueden: en negro. Pues, trabajen, coño. Y cobren el IVA. Cuantos más paguen impuestos, a menos tocamos (esto en una boludez, como diría un argentino) o para más cosas dan, si no se pierden por el camino. Si no hubiese funcionado la economía sumergida, ¿qué no hubiera pasado en España en estos últimos años? Pero es más fácil y cómodo subir impuesto, impuestos que siempre pagan los mismos y a los que miran como si fuesen seres privilegiados y sólo cobran por su trabajo. Señores: menos huelgas gilipollezcas, que no nos chupamos el dedo. Ansía un servidor que los sindicatos dejen de ser lo que son, correa de transmisión, un chollo siempre para los enlaces sindicales que vagabundean por ahí, más aún cuando la negociación de los convenios colectivos por lo que unos saben y otros adivinan. Sean ustedes, señores amos de los sindicatos, representantes de los afiliados, que son muy pocos. Pues, eso lo que ustedes representan. Nada más (ni nada menos). A la UCD no le dio tiempo para establecer la corrupción generalizada. Pero, si hay corrupción es porque hay personas corruptas. Algunas de ellas pasan por la calle tranquila y yo las veo desde mi balcón, unas veces con ojos reales, cuando pasa fulano y mengano, en bicicleta o andando, que por aquí se refugian y más o menos se quitan de en medio, y otras veces con ojos ficticios, los que me han abierto la lectura de la prensa del día. Pero siempre cogen más a los del PP. Los hijos de la tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz. Porque si se han escapado los que se han escapado esta legislatura por Madrid y otros lugares estratégicos, ya no los coge nadie porque corren más que un galgo. Cuando me importe menos aún de lo que me importa la política, hablaré de los políticos. Ser político no es ocupar un puesto de trabajo, sino SERVIR al pueblo, no sólo a los que lo eligieron. No entiendo por qué, al acabar la legislatura, los señores diputados se van al paro. Los antiguos romanos estaban trabajando en sus tierras y, al concluir su turno en el Foro, con el cargo que fuese, se iban otra vez a su trabajo (cogían su yunta de bueyes, que la agricultura entonces era de quien la trabajaba) y sólo hacían el cursus honoris. Si ahora fuese igual, menos ineptos habría representándonos.



Alfonsa de la Torre


3.
El otro día protestaba amablemente, es más, hasta cariñoso, un seguidor de LA COLA DE LA CALA. Casi me gritaba por e-mail para decirme que ya estaba hasta el sitio cercano al arco del triunfo de tener que leerme con un diccionario al lado, que si seguía escribiendo para minorías sólo me leería una minoría. Le contesté, tras protestar él que siempre me leería por la amistad existente, que tengo una formación universitaria y que debo demostrarla en casos como a los que él se refería, cual era mi estudio sobre ALFONSA DE LA TORRE, de la que escribo en LA COLA DE LA CALA y es un ensayo literario. No sería justo que, después de lo que le costó a mi familia y a mí mismo (tenía ya 50 años y mi hija muy amada iniciaba 1º de Filología Hispánica, ¡ah! y trabajaba al mismo tiempo) estudiar en la Universidad (no sólo en dinero sino en desgaste de vida) y lo que gasto ahora en libros, no supiera hacer lo que estoy haciendo: escribir. Prefiero ser minoría -que lo soy- a no demostrar que he aprovechado mis estudios. Todo esto que cuento pasó entre afectos y bellas palabras. Como debe ser. De todos modos, ser minoría fue una razón más para que abandonara el pueblo y me fuese a la aldea, sin menosprecio ni alabanza para ninguna de las dos, aunque la aldea sea marina. En Lorca también hablaba sólo a quien conmigo va.






4.
En Madrid, multan con 300 euros (antes de la devaluación que nos van a imponer porque Alemania quiere la hegemonía económica y Francia se arrastra tras ella, con lo que el resto de Europa irá en vagones de segunda clase o se romperá la Unión Europea, que esa sí debería ser un estado federal, para gozo de los socialistas) a quien dé de comer a los animales abandonados en la calle. Cerca de la calle tranquila, hay un señor, alemán de origen por mas señas, que coge por las mañana su "becicleta" y se pasea por la Urbanización, aledaños y por donde la da la gana, al tiempo que echa de comer a las colonias de gatos que sustenta, todo eso sin que nadie vea dónde lleva la bolsa de pienso, como si fuera un "bicicletista" esforzado, para que no lo denuncien, que ya lo hicieron, y el señor alemán, tan disciplinado, tan inexpresivo y aparentemente frígido, no hace caso porque puede más su amor gatuno. Vean si no la cantidad de gatos que hay en Calabardina: de alguna manera han de comer. Claro que, para que tenga que venir la guardia municipal a la Cala con el menú del día, mejor que le eche él, así sale más económico, ¿verdad? Este tío disfruta, como un buen cuidador de gato, en las lunes de enero y febrero, fecha de mayor actividad gateril, pues ya tiene, de este modo, asegurada su diversión de año en año. Voy a sugerirle que, en su casa, abra una gatera. Veremos si así los mete en su hogar, dulce hogar o su santa esposa lo echa a la calle. Aunque lo que hace falta es que una autoridad de la Asociación de Vecinos -para eso se presentaron- le diga que sin echarle de comer a los gatos está hasta más guapo. Procuraré hacerle un seguimiento y un día, si puedo, una foto. Porque el que va debajo soy yo, al que no le gustan los bichos en la casa de mi santa, una caricatura de José Antonio Hernández Guerrero, de la Universidad de Cádiz, sí, donde los duros que tanto dieron que hablar.
 


5.
Si tardo tanto en escribir se debe a que dudo de si lo que digo tiene interés -para mí por supuesto que sí-,  y porque estoy en otras cosas literarias personales. Nos vemos.



martes, 4 de octubre de 2011

INDIGNADO


Hace ya casi un mes que no he escrito nada en este blog porque estoy pensando hacerme una página web y dejar este chisme que, aunque cuenta ya con un seguidor, me cuesta trabajo mantener. Resulta que, en más ocasiones de la necesarias, muestro mi indignación contra personas, cosas, situaciones. Mi norma me dice que, si yo no hago tal cosa porque lo exige la norma general, los demás tampoco tienen que hacerla. Si lo hacen, están conculcando la convivencia. La foto representa la Alcazaba, una urbanización de la Cala. Entonces me indigno porque Calabardina está dejada de la mano de Dios, no la Urbanización privada que cuidan sus propietarios. Si pago mis impuestos, ¿por qué no cuidan Calabardina los encargados de hacerlo? Según la época, la Cala tiene su peligro, siempre distinto. Ahora acaban de llegar los aguileños franceses, que miran un muy mucho por encima del hombro porque se creen superiores a los lugareños y se sienten más orgullosos de ser franceses que aldeanos de Águilas. Emigraron para quitarse el hambre. Y no se acuerdan. Yo soy lugareño de Calabardina pero entiendo lo que chamullan en mal francés, si acaso coloquial, con todos los defectos del lenguaje del emigrante sin estudios. Es, seguro, un francés no aprendido en París. Toman la playa y la dejan como Dios les da a entender, no como han de dejarla. Nadie se acostumbra a dejar las cosas bien porque detrás vienen limpiando (si lo hacen) los barrenderos, las máquinas, al menos el día siguiente. Pero creo que eso dura hasta el mes de septiembre. Después, queda todo el año a la buena de Dios, es decir, hecha una mierda, perdón, merde. Como ya ocurre.
Peo hay algo que me indigna más. Y son los maleducados holandeses que vienen con su ruló, sus "becicletas", aparcan en donde les sale y estiran las piernas sobre su biciclo paseando por el paseo por donde andan las personas, que para eso lo hicieron. Y las ves hasta felices y acapullados y yo digo que les den, casi gritando porque estoy "indignado". Aquí el fallo es municipal. Está prohibido acampar. Pero ellos, como no hay autoridad municipal alguna en la Cala porque los encargados de hacer guardar el orden brillan por su ausencia, aparcan entre las calles y, al amanecer, se ponen en marcha en busca de playas solitarias. Será para defecar bajo los árboles o para dejar los detritus que muelen sus wc. También lo hacen en el bar en el que toman un café, pero que no se entere nadie. Es una seña de identidad entre los de la casa a cuestas. Por las tardes, al oscurecer, buscan otra vez el abrigo de los chalés cercanos. E incluso saben donde hay un enchufe en las farolas de la calle, que lo pusieron para las fiestas y aún no lo han quitado, y roban hasta la luz. Señores holandeses que venís a dejar cualquier cosa entre nosotros menos euros; señores holandeses que disfrutáis de nuestro sol: si no quieréis cumplir  la normativa que os pasáis por el arco del triunfo y olé, idos a vuestro país. Aquí no hacéis falta. Poned vuestras caravanas en el camping, que es lo legal. Y bajad a la playa como cualquier ciudadano español de por aquí, tan mal educado como ustedes, señores de la casa a cuestas, señores caracoles: con un martillo en la mano para darle con el mazo al palo que va a sostener la sombrilla a la orilla misma del mar como si en otro lado, un metro más atrás, no se pudiese tomar el sol y ponerse las carnes comestibles. ¿Se da usted cuenta de que no dejan andar por la orilla de la playa? Claro, ustedes ya están situados: a los otros que nos den por el sitio de Cádiz. Yo creía en el mito de la educación europea: hasta el tiempo en el que llevo viendo a los extranjeros que contribuyen al deterioro de lo que amo, de mi refugio, de mi calle tranquila: Caladardina. Señores policías municipales: hagan ustedes cumplir la ley. Yo no puedo hacer más que poner una denuncia en el cuartelillo. Pero, ¿para qué está la Asociación de Vecinos? ¿Qué hace, además de que velen los demás por los intereses de quiénes la dirigen? Por eso, no debo escribir aquí. Muestro mi indignación. Eso sí, no se me altera la ceja. Y ellos no saben que se me quita el enojo mandándolos a Europa, esa Europa que se han construido a su medida y en la que España sólo está para padecer porque no supo utilizar con cabeza el dinero que le enviaban y que procedía de los contribuyentes alemanes y quizá franceses. Los ingleses siguen siendo hijos de la pérfida Albión y cogen sólo lo que les gusta. Ahora despotrican de la moneda única. Pero eso lo hacen porque EEUU entre posiblemente en recesión en pocas semanas. Nosotros estamos en recesión hace ocho años y los que nos quedan. Porque, ¿cómo vamos a hacer los deberes y pagar los ochocientos mil millones del ala que tenemos de púa?
Un abrazo en el reencuentro. Y que sepáis que no me callarán aunque pasen por mi lado en bicicleta y en sentido contrario. Me refiero a los holandeses que vienen por aquí en las ínfimas condiciones que cuento. Cuando lleguen a su país, lo harán contentos, criticando el subdesarrollo español, ellos que no han visto un hotel en su vida y que defecan en cualquier sitio. Me apuesto algo que hay al menos veinte "caracoles" -rulós- ahora mismo en la playa que hay bajando hacia Calabardina, pasados ya Los Geráneos y otras urbanizaciones pobres que se hicieron los alemanes en sitios complejos para no mezclarse con los españoles. No saben lo que se han perdido. Ahora, los alemanes no bajan ni siquiera para tomar café: ¿les habrá llegado la crisis? Y los holandeses no van a un camping para no gastarse un euro. Algo huele a raro.